El oráculo de Los Simpsons y las lecciones que no se aprenden sobre linchamiento mediático y debido proceso

Andrés Núñez Leites

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Sin ser un seguidor habitual de la serie "Los Simpsons", de manera ocasional, generalmente por menciones de amigos, he visto algún que otro episodio. Sé que hay una encendida polémica acerca de cuál es la mejor temporada en términos (pos)críticos de la realidad norteamericana y occidental y no voy a entrar en ella, pero sí quiero mencionar un episodio de 1994, y cómo parece volver a ponerse en escena en Montevideo cuarto siglo después.

Adelanto una conclusión en relación a la serie: los guionistas de algunos episodios, además de creatividad y buen humor, parecen tener conocimientos muy sólidos de psicología y sociología, tales que les permiten anticipar acontecimientos reales. Uno de los mecanismos por los que opera esa capacidad de interpretación es el conocimiento de algunas estructuras típicas tanto psíquicas como sociales, es decir, manejan estereotipos de conducta personal y rol social que luego se verifican en un número significativo de casos.

Vamos al grano. En "Homero mal hombre" (noveno episodio, sexta temporada),[1] Homero es acusado de abuso sexual por parte de una niñera feminista que malinterpreta una acción de nuestro poco heroico personaje: cuando ella se levanta del asiento de acompañante del auto que conducía Homero, éste encuentra una golosina pegada en el trasero de la niñera, se la saca de un tirón (sin tocar a la mujer) y se la come. La niñera siente que le tocan la cola, lo ve a Homero metiendo los dedos en la boca y relamiéndose de placer e interpreta que se trata de abuso sexual. Luego ocurre lo que vosotros imagináis: hordas de personas pidiendo la cabeza de Homero, manifestaciones fuera de su casa, una cámara de vigilancia que muestra el momento del supuesto abuso desde la perspectiva de la acompañante, programas de TV acusándolo y promoviendo una imagen muy negativa del personaje. Finalmente, luego de mucho sufrimiento, un extraño, que se dedicaba a investigar infidelidades, le acerca una grabación desde el ángulo del conductor del automóvil, donde se ve claramente que el tonto personaje no manoseó a la niñera y sólo le arrancó una gomita comestible del trasero y que su objetivo no era precisamente la satisfacción sexual sino la satisfacción de la gula. En la escena siguiente, en el mismo televisor que Homero ve pasar la vida, aparece su héroe desinteresado, el que le había acercado el video exculpatorio, acusado ahora de un crimen. Homero lo maldice y le desea los peores castigos. Su esposa, March, tan sensata y buena, le dice que tenga en cuenta que la TV también propagó mentiras horribles sobre él y que no debería creer todo lo que allí se irradia. Homero rechaza la idea de March, abraza a su TV y le habla (sí, a la TV): "Nunca más volveremos a pelearnos, chiquita mía."

Muy lejos de Estados Unidos, en Montevideo, Uruguay, en el año 2019, un cantante conocido por "El Gucci", vio truncada su naciente carrera política dentro de la izquierda porque militantes y políticas feministas del mismo partido político que lo había invitado a participar (Frente Amplio, izquierda globalista) lo rechazaron por haber sido objeto de una denuncia de abuso sexual. Si bien la denuncia no había prosperado judicialmente, parte de la izquierda evaluaba que era suficiente que las organizaciones feministas sostuviesen la veracidad de las acusaciones no probadas. [2] El músico tuvo que renunciar a su candidatura política y luego inició juicios por difamación a quienes lo habían acusado a través de los medios de comunicación, aduciendo además, que se le había provocado un daño económico por actuaciones canceladas.

Hete aquí que en julio de 2020, otro cantante, ya difunto, Viglietti, de mucha estima dentro de la izquierda local, es acusado públicamente por una sobrina, un hermano y un periodista, de haber abusado sexualmente de una sobrina de 10 años, varias décadas atrás. El delito prescribió y nunca hubo denuncia. Como en el episodio de Los Simpsons, ardieron las antorchas de las hordas moralistas tanto de izquierda como de derecha, decretaron la culpa del difunto acusado sin mediar juicio alguno y maldijeron su nombre por las redes sociales y los programas de TV. Algo se calmaron las aguas luego que una de las principales implicadas salió a desmentir públicamente la acusación.

En un programa de TV, en julio de 2020,[3] le piden a El Gucci que opine sobre el caso Viglietti. Parece estar enterándose en el momento, por su lenguaje gestual, pero en cualquier caso, habla de antorchas y matar a todos los violadores. Si bien no dice que el músico acusado sea culpable de violación, en ningún momento plantean, ni él ni los conductores del programa, la posibilidad de que el acusado fuera inocente, ni la necesidad de que se haga una indagación científica para determinar la verdad de los hechos o que desde el punto de vista de los medios de comunicación se asuma una actitud de moderación -pensando, por ejemplo, en la familia del acusado y el daño psicológico que les puede causar la excesiva publicidad del asunto. Volvemos a escuchar a Homero, amable lector: "Nunca más volveremos a pelearnos, chiquita mía."

Notas:

[1] Homero, hombre malo - https://en.wikipedia.org/wiki/Homer_Badman

[2] A Goyeneche le "preocupa muchísimo" que Martínez aceptara la candidatura del Gucci - https://www.elobservador.com.uy/nota/a-goyeneche-le-preocupa-muchisimo-que-martinez-aceptara-candidatura-del-gucci-20198128571

[3] Algo contigo, TV uruguaya https://www.youtube.com/watch?v=N_p6OvRHFHM