LA ENCUESTA DEGENERÓ (Y LA PRENSA TAMBIÉN)

Andrés Núñez Leites


En estos días se ha presentado una "Encuesta nacional de prevalencia sobre violencia basada en género y generaciones" [1] con el apoyo de diversas agencias estatales de Uruguay. Los resultados de la encuesta están siendo difundidos de modo acrítico por la prensa, que en muchos casos agrega más capas cuestionables al espesor semiótico del artefacto pretendidamente científico y objetivo [2].


// La encuesta

A continuación, enumero algunas opciones metodológicas y teóricas que hacen cuestionables sus resultados. Para ello tomo como base el cuestionario disponible online de la edición anterior (2013) [3], que es la base del cuestionario actual, cuyas preguntas agregadas comentaré en otra nota:

1. Se asume la existencia de la "violencia de género", que consistiría en la comisión de actos de violencia contra las mujeres por el hecho de ser mujeres. Esta opción ideológica es científicamente poco consistente, en la medida que, de entre las tantas variables que pueden incidir en el desencadenamiento de la violencia de un varón contra una mujer, la condición de mujer de esta última como tal, como variable explicativa del acto de violencia, debería controlarse, es decir, debería establecerse su peso específico y descartar el resto de las variables determinantes.

2. El cuestionario contiene preguntas que inducen interpretaciones de los hechos por parte de las entrevistadas. Por ejemplo: "Durante toda su vida de estudiante, ¿alguna autoridad del centro educativo, personal administrativo ó (SIC) compañero de estudio la ignoró, ofendió, menosprecio (SIC), subestimó o denigró por ser mujer?" La respuesta a esta pregunta, por otra parte, no puede interpretarse como la presencia de un acto de "violencia de género", sino de una percepción sesgada de la ocurrencia del fenómeno.

3. Otras preguntas del cuestionario tienden a confundir la percepción subjetiva del peligro con la existencia de un peligro real, que suponemos (por los encabezados de las secciones: "Violencia en...") luego será codificado como episodio de violencia. Por ejemplo: "Alguna vez en lugares públicos como la calle, transporte, lugares de diversión o fiesta, parques deportivos, iglesias, servicios de salud, ¿le ha ocurrido que alguna persona conocida o desconocida hizo que sintiera miedo de sufrir un ataque o abuso sexual?"

4. Otras confunden la percepción de una injusticia con la ocurrencia de la injusticia en sí. Por ejemplo: "Durante su vida laboral (...) ¿Tuvo menos oportunidad para ascender que un hombre?". Nótese además el uso indeterminado de la palabra "un", que habilita a que si la entrevistada percibió que tuvo menos oportunidades que uno sólo de los colegas varones (aunque quizás varios colegas varones también se perciban perjudicados y/o de hecho no hayan tenido las mismas posibilidades de ascenso que algunos privilegiados o acomodados por motivos de vínculo con los gerentes, pertenencia política, etc.), puede responder que sí.

5. Algunas preguntas son tan amplias, que permiten interpretar como acto de violencia cosas que no lo son. Por ejemplo, en el capítulo de violencia intrafamiliar se preguntaba: "En los últimos 12 meses alguien de su familia o de la familia de su esposo o pareja, conviviente o no, la criticó sobre lo que hace o deja de hacer?" La palabra "crítica", así, sin una definición específica, hace pasar casi a cualquier intercambio en el cual un familiar de la encuestada no haya estado de acuerdo con sus acciones u omisiones y lo haya verbalizado. Lo que está implícito es que la única forma de no ser violento con una mujer es diciéndole a todo que sí. Lo mismo se aplica a la variante: "(...) la culpó de las cosas que no salen bien?".

6. Las preguntas sobre impacto emocional de la violencia de pareja implican de hecho un auto-diagnóstico de la persona entrevistada. Por ejemplo: "Debido a las situaciones vividas con su pareja, esposo/a o novio/a ¿usted ha tenido depresión, angustia, tristeza o miedo?"

En suma: la encuesta induce respuestas, se remite a la percepción de hechos por parte de los actores, a pesar que en su título habla de "prevalencia de la violencia" y no de "prevalencia de la percepción de la violencia" y abarca comportamientos tan amplios que el único resultado posible es una inflación de las cifras de "violencia de género" contra las mujeres.


// Para peor, la prensa

Un artículo de la edición web del programa radial Rompkbzas de La X, que toma como fuentes a su vez a El País y Montecarlo, es elocuente, en la medida que no se hace una lectura crítica del informe y se reproducen ideas tácticas de la militancia feminista institucionalizada.

Se cita de modo acrítico, aunque entre comillas en la versión escrita y con cambio de tono de voz en la versión hablada, la idea de que la violencia de género contra las mujeres es "una pandemia sin vacuna". Se pretende utilizar políticamente de este modo las huellas emocionales de la pandemia del Covid19 o SARS-Cov-2, es decir, la sensación de miedo y peligro supuesto permanentemente difundido en el último semestre por los medios de comunicación contra la población. La pandemia mencionada ha permitido de hecho a los gobiernos a que avancen sobre los derechos civiles de los ciudadanos (limitando libertades de circulación, trabajo, etc.), fomentado el distanciamiento social. Coincidentemente, ambas "pandemias" requieren de declaraciones de emergencia (en Uruguay fue declarada la situación de emergencia por violencia de género contra la mujer en 2019) que implican el dispendio de enormes gastos hacia las burocracias que se encargan de "defender a la población" de los males mencionados y más que potencialmente la reducción de las libertades civiles de la población, en detrimento de las legislaciones garantistas. Así, por ejemplo, la militancia feminista corporativa e institucionalizada en el Estado, ha logrado hace algún tiempo que se apruebe una ley de violencia de género que castiga con más peso al varón que agrede a una mujer que a la mujer que comete el mismo delito contra un varón; la misma ley faculta la toma de medidas cautelares graves contra los varones acusados (alejamiento de la casa, pérdida de las llaves del negocio común, privación del contacto con los hijos) durante meses, de modo preventivo, sin mediar un proceso judicial sólido y con el único requisito de la presentación por parte de la denunciante de un relato verosímil, ante un equipo técnico pre-significado por la ideología de género. Coincidentemente también, ambas "pandemias" tienen similar apoyo del Estado, de las agencias de ONU más penetradas por el capital corporativo internacional y de las Foundations directamente financiadas por dicho poder financiero global.

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Notas

[1] https://www.ine.gub.uy/c/document_library/get_file?uuid=85e1bfd7-b3e5-4095-abf9-76be055fe3b5&groupId=10181

[2] https://lax.uy/2020/11/25/informacion-nacional-tres-de-cada-cuatro-mujeres-victimas-de-la-pandemia-sin-vacuna/

[3] http://conboca.ces.edu.uy/images/recursos/primera_Encuesta_Nacional_de_Prevalencia_sobre_Violencia_Basada_en_G%C3%A9nero_y_Generaciones.pdf