MATARON A UN PROFESOR DE HISTORIA

Andrés Núñez Leites


Las redes sociales nos han hecho retroceder a un estado de horda primitiva, movida por la identidad grupal y la emoción, y las consecuencias causan espanto.

Samuel Paty (QEPD), el profesor de historia decapitado por un islamista fanático en Francia tras haber mostrado en clase caricaturas de Mahoma, fue primero expuesto durante días por algunos padres de sus alumnos en las redes sociales, incluso con el apoyo de las autoridades religiosas de la mezquita local. Supongamos la peor hipótesis sobre la conducta del profesor, supongamos que efectivamente obró mal y expuso el material gráfico de una forma ofensiva para los estudiantes musulmanes. Hubiera sido mucho más sano que los padres de los estudiantes o los propios estudiantes hubieran ido a hablar con el profesor para que modificara su práctica, o que hubieran hablado directamente con el director del colegio o la autoridad educativa regional. Incluso si hubieran supuesto que el profesor había cometido un delito, podían haber acudido a tribunales judiciales. Pues no, optaron por el escarnio, por el escrache en las redes, por una campaña de reclamos para que el docente fuese expulsado del centro educativo donde trabajaba. El resultado: un joven fanático lo asesinó a plena luz del día. La policía, poco después, mató al matador.

En algún lugar Foucault dice que la moral, cuando es el resultado de una técnica de sí, de una acción del sujeto sobre sí para mejorar su condición, consiste en tener un poder y limitar su uso voluntariamente, para hacer del mundo un lugar más bello. En el mundo de la informática, los usuarios de Linux leen, cuando ejecutan por primera vez en una consola el comando "sudo", que podría traducirse como "actuar como superusuario", una serie de tres recomendaciones, la última de las cuales retrotrae por lo menos a la Revolución Francesa: "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad."

Ocurre que las redes sociales, además de atraparnos y controlarnos, nos han dado, dentro de su lógica de popularidad y escándalo, un poder cuyo alcance ignoramos hasta que el daño está hecho.