UN PENSIERO DEBOLE

Acerca del embate subjetivista de las políticas identitarias contra las ciencias

Andrés Núñez Leites


1. "No existe la verdad, y todo es relativo, es decir, parte de un punto de vista y por lo tanto de un lugar específico en una relación de poder", el mantra postmodernista de los movimientos identitarios, es paradójicamente confirmado cuando al criticarlos nos limitamos a señalar sus fuentes de financiación, vinculadas casi sin excepción al capital corporativo trasnacional.

2. Cubierto aquel flanco, esos movimientos están atacando a las ciencias duras, es decir, al último resquicio de unas verdades provisorias pero lógicamente sostenibles en datos contrastables en investigaciones. Cuál es la estrategia del ataque? Sobre la base de un discurso tribalista, exigir la "equidad" de géneros, razas (?!), identidades de género (prolongue usted esta lista ad infinitum) en el staff científico para lograr mayor pluralidad de puntos de vista, como si éstas dependieran de dichas "pertenencias" identitarias, por un lado. Por otro, cuestionar la racionalidad científica en sí, el apego a la prueba, a los datos, a la precisión, a la replicabilidad, a lo que en términos de divulgación se denomina "método científico", acusándolo de ser una prolongación metodológica del privilegio blanco, heterosexual, patriarcal, eurocéntrico. Cualquier oposición a este ataque es repelida precisamente acusando al opositor por la pertenencia tribal que se le adscribe (blanco, hetero, etc., por favor, complete usted la lista, amable lector) o, si es parte de una minoría, por ser un Uncle Tom sometido a la hegemonía de la tribu dominante. Si ello no es suficiente, porque la solidez de los datos que presenta el opositor, se apela a la acusación de "violencia epistemológica", que significaría anteponer la racionalidad científica hegemónica a la experiencia personal y subjetiva o a la supuesta experiencia colectiva de la minoría en nombre de la cual se ataca, sus saberes sometidos pero igualmente válidos, etc.

3. El postmodernismo es una especie de segunda secularización. La primera, hizo caer la hipótesis de Dios a la hora de producir conocimiento, la segunda hace caer directamente a la Ciencia, que funcionó en los últimos siglos como sustituto racional del primer absoluto. El subjetivismo y el tribalismo político de las identity politics, aparece como una nueva y radical articulación política que asume que Dios no existe, que la verdad científica no existe, que lo que se dice es puramente arbitrario y dependiente del punto de vista y la pertenencia identitaria o tribal del que lo dice. Hipócritamente, las máquinas de guerra de los grupos identitarios presentan sus enunciados como verdaderos y no como humildes puntos de vista, porque las masas, suponen, siguen creyendo en la verdad, e incluso, no dudan en apelar a que los disparates arbitrarios y subjetivos que emiten "están comprobados científicamente", apelando a la distancia entre la producción académica y la población en general y su capacidad de "chequear" si eso es realmente así.

4. Para atacar al fundamento del "punto de vista" que mencionamos en el punto (1) sigue siendo válido la siguiente respuesta (que el lector comprenderá rápidamente que lleva a un bucle lógico): "Decir que todo es relativo y depende de un punto de vista, también es relativo porque depende de un punto de vista". La apelación al sufrimiento de las reales o supuesta minorías demográficas o sociológicas, como fundamento para su vínculo directo con la verdad, también puede ser atacada del mismo modo lógico, porque sería una apelación que depende de un punto de vista, por lo tanto relativa. El problema de este juego lógico, es que, una vez más, legitima al enunciado entrecomillado en el punto (1). Algunos defensores de las identity politics han visto este punto y han intentado superarlo proponiendo una posición ontológica según la cual las minorías, en virtud de su experiencia histórica (opresión, sufrimiento, sometimiento, condición de víctima), poseen un punto de vista superior, un acceso directo a la verdad: tal es el sustento endeble del "feminist standpoint", así como lo fue, en el siglo XX, el del marxismo de Lukáks y su proclama de la capacidad cognitiva superior del proletariado para sintetizar (a través del partido comunista, obviamente) la verdad histórica y superar los errores (puntos de vista parciales) de las otras clases sociales en la historia de la humanidad. Claro que esto no es sostenible epistemológicamente y se trata de un acto de fe política: ninguna de las condiciones inherentes a la condición de víctimas o revolucionarios asegura un acceso superior a la verdad en términos racionales y científicos.

5. Algunos conservadores han querido rescatar el valor de las ciencias con un criterio utilitarista. Si la ausencia de la hipótesis de Dios no permite tener un fundamento último para sostener a una verdad, y si es innegable el hecho de que siempre hablamos desde un punto de vista, nos queda un último recurso para salvar a la racionalidad y evitar la pura guerra subjetivista y tribal: considerar verdadero a lo que es útil, es decir, lo que funciona. El problema con esta solución, es que hay cosas, incluyendo por ejemplo ideas producto del pensamiento mágico, que pueden efectivamente ser útiles y funcionar en la realidad para resolver problemas, sólo que por motivos ajenos a los que se enuncian. Es decir: mentiras útiles, no-verdades que sin embargo funcionan bien a nivel adaptativo de los individuos y/o de la especie.

6. Una posible solución quizá venga de la mano de la humildad y la voluntad de sintetizar tanto los logros de la racionalidad científica, como los aspectos lógicamente legítimos de la crítica de aquella racionalidad, de la mano de los giros lingüísticos de la filosofía que derivan en el postmodernismo. Las ciencias tienen entre sus fundamentos epistemológicos y éticos, la aceptación del caracter provisorio y revisable de las verdades que produce. Sobre esa base, discutamos las fuentes de financiación de las investigaciones, la estructura de gobierno de las universidades y centros de investigación, las prioridades de agenda de investigación, apuntemos al mejoramiento de las metodologías de investigación. Como seres humanos, quizá nunca podamos tener un acceso directo a la verdad, es decir, como especie, deberíamos reconocer que tenemos límites cognitivos para la comprensión del mundo y de nosotros mismos. Sin embargo, en este preciso momento histórico, las ciencias y la filosofía, la investigación rigurosa, criticable y replicable, el análisis racional de la producción de datos, son una gran herramienta para manejarnos en el mundo. En todo caso, que las pasiones y las escalas morales en conflicto se sirvan política y críticamente de esos datos, pero que no les den la espalda. Sostener cualquier idea arbitraria por su adscripción tribal o identitaria, es más un retorno a la pre-modernidad que un avance, y nos deja, como individuos y como colectivos, a merced de los poderes corporativos capaces de manipular emocionalmente a la población, ya sin el riesgo de ser descubiertos por la contrastación de datos o la crítica filosófica.