LA BIOLOGÍA EXISTE

Andrés Núñez Leites


1. El punto teórico más débil de la teoría queer, que se ha vuelto hegemónica en el movimiento LGBTI+, es suponer que una estructura psíquica puede sostenerse en el aire, es decir, sin acoplarse a una estructura biológica. Ese constructivismo extremo, por el cual tanto el sexo como el género son meras construcciones sociales dependientes de las relaciones de poder en una sociedad y en un momento dado, es insostenible teóricamente. Ello porque los distintos niveles de organización de una persona (e incluso de una sociedad) funcionan como sub-sistemas que se acoplan mutuamente, es decir, se ajustan unos a otros. No quiere decir que no pueda haber variantes, pero tampoco admite suponer que no existan esos niveles de organización.

2. Una persona es varón o mujer en el nivel biológico bajo cierta configuración en la que hacen sistema sus niveles genético, endócrino y anátomo-fisiológico. De ahí que, por ejemplo, las mujeres y los varones tengamos aparatos reproductores diferenciados, así como características sexuales secundarias diferenciadas y que promedialmente tengamos diferente masa corporal y potencia muscular. Esto no nos hace especies diferentes: de hecho varones y mujeres nos parecemos mucho en todo: incluso en el nivel intelectual ya está hace tiempo superado el debate respecto a qué sexo es más inteligente, ya que promedialmente tenemos el mismo CI, aunque sí subsiste el debate respecto a si hay una mayor variabilidad masculina (una campana de Gauss más achatada: más hombres tontos y más hombres genios), pero que no sería estadísticamente muy significativa, es decir, en promedio, seguimos siendo iguales. Este acoplamiento de niveles dentro del sub-sistema biológico que hace a una persona, admite variaciones: personas intersexuales, es decir, por ejemplo, con coexistencia de aparatos reproductores de ambos sexos (en un nivel estadísticamente bajísimo) y luego el espacio en el que se ubica más del 99% de la población: entre quienes más nítidamente tienen características masculinas o femeninas y quienes muestran un carácter menos pronunciado de las mismas, o una combinación de características de los dos sexos. Pero otra vez aparece la campana de Gauss: promedialmente los varones comparten ciertas características que los diferencian de las mujeres y viceversa. Y digo promedialmente, porque esa variación natural de la base biológica hace que no haya un acoplamiento "perfecto" entre los niveles más que como excepción. Como dice la canción de Caetano Veloso: "De perto, ninguem é normal". Pero esta variación tampoco habilita a decir que no hay dos sexos en nuestra especie; habilita a decir que hay variaciones sobre la base de un promedio preponderante, valga la redundancia.

3. El nivel psíquico de organización de una persona es el más sujeto a controversia. Aquí entramos de lleno en el problema del "género", entendido como un conjunto de características en el sentir y el actuar que se identifican como "masculino" o "femenino". El nivel psíquico es el más influenciable por sistemas que están en el entorno de la persona: la cultura y la sociedad. Aquí sí, es verdad, influyen las relaciones de poder y las pautas culturales hegemónicas en un momento dado, lo que explica, por poner un ejemplo, las variaciones en la vivencia de la maternidad y la paternidad en distintas culturas. Sin embargo, la misma regla de la organización biológica, se aplica a la psíquica: admite variaciones, pero no se desarrolla en el aire. Así como no podemos suponer una psiquis únicamente determinada por las bases biológicas, tampoco podemos suponer una psiquis únicamente determinada por el entorno sistémico cultural y social. Ambas suposiciones son errores que a nivel científico prácticamente nadie comete: hay un consenso en cuanto a que nuestra forma de sentir, de pensar y de actuar es un producto de factores biológicos y socioculturales; algunos autores le podrán encontrar más peso a unos u otros, pero prácticamente nadie, seriamente, prescinde de uno de estos órdenes de factores. Como ningún sub-sistema de los que forman a una persona flota en el aire, el sistema psíquico aparece como una transacción entre los sistemas biológicos y culturales, admitiendo variaciones que sin embargo no son infinitamente elásticas. En la medida que promedialmente la casi totalidad de las personas muestran en sus bases biológicas niveles de variación que no son extremos y que, al menos hasta ahora, nuestro entorno sociocultural prevé posiciones (normas) para dos sexos (varón y mujer), la mayoría absoluta de las personas serán varones promedialmente masculinos y mujeres promedialmente femeninas. Otra vez: el nivel de variación es importante y aquí tampoco el acoplamiento "perfecto" entre los subsistemas biológico y psíquico y las pautas culturales es otra cosa que una excepción, pero promedialmente lo común es la norma.

4. Abundan más las mujeres y los varones heterosexuales no por una imposición del un supuesto "patriarcado" ni una cultura "fonofalogocéntrica", sino porque el mutuo ajuste en el acoplamiento de los sub-sistemas que forman a una persona y a su vez el mutuo ajuste entre la persona y el sistema cultural, tiende a producir esos resultados preponderantes. Incluso si vamos a las variaciones, este mismo fenómeno explica que, por ejemplo, en el terreno de la atracción sexual, haya más bisexuales que homosexuales.

5. Esa forma que tienen de funcionar los sistemas que hacen y son el entorno de una persona explica también que la gran mayoría de los adolescentes que desean hacer una transición hacia el otro sexo biológico, superada la adolescencia y las crisis de identidad que suele implicar, tienden a revertir esa "disforia de género" y volver a reconciliarse con su sexo biológico, es decir, nada menos que con su cuerpo, y con la mayoría de los rasgos culturales que hacen a su género, más allá de sus preferencias en cuanto a atracción sexual. Esto no quiere decir que efectivamente para algunas personas la transexualidad no sea una "solución" en términos de generación de una coherencia interna y un bienestar personal, pero sí que es un fenómeno ínfimo estadísticamente y que no puede extrapolarse la vivencia "trans" a toda la población, al punto de hacer parecer que las configuraciones biológicas y psíquicas más comunes son una aberración y lo esperable es la universalización de la fantasía del libre y antojadizo fluir entre géneros y sexos.

6. Paradójicamente, los estudios científicos sobre las bases biológicas de la transexualidad, no sólo no han sido descartados sino que continúan y apuntan, entre otros factores, a variaciones genéticas. Es decir que incluso la transexualidad tendría una base biológica y, sin desmedro de las influencias del sistema cultural, podría asimilarse a una variación más, aunque estadísticamente ínfima, en la conformación de la persona a partir de sus distintos niveles de organización biológica. En todo caso, lo que debería ser más prudente, es, sin dejar de ponderar los factores culturales, no negar el peso de los factores biológicos, aunque pensar esto sea políticamente incorrecto para algunos.