DÍA DEL MAESTRO 2020

(In Memoriam Ana Cándida)

Andrés Núñez Leites


Mi madre era directora de la escuela 145, en Tacuarembó, a fines de los 1980 o comienzos de los 1990. Más o menos a esta altura del año (septiembre), se terminaron los insumos para el comedor, y los niños estaban comiendo un sancocho que era una especie de caldo con lo poco que había: arroz, harina de maíz y lo que se pudiera tirar adentro de la olla. El punto no es sólo que no era sabroso, sino que no era nutritivo. Y eran niños pobres, del querido barrio Montevideo. Habló con la inspectora, quien le contestó que "no había más rubros". Mi madre le dijo que iba a hacer un llamado público a la solidaridad y la inspectora la amenazó con sumario y destitución si hacía tal cosa. Al otro día, mi madre igual llamó a los programas periodísticos centrales de Radio Zorrilla y Radio Tacuarembó pidiendo alimento seco porque los niños estaban pasando hambre. Yo escuché la llamada; hablaba desde el corazón, desde el dolor que sentimos los maestros cuando vemos sufrir a los niños y no podemos darles alivio. Había una crisis económica muy fuerte, pero la respuesta del pueblo fue generosa. Donaron las empresas, donaron las familias y las radios organizaron el acopio y el traslado a la escuela. Fue tanto el alimento recibido (dos camiones) que se decidió repartir parte de lo donado a otras dos escuelas de la zona. No hubo sumario. Hubo sí, niños sonriendo y con la panza llena.

A todos mis colegas feliz día del maestro. A Ana Cándida, mi madre, gracias por el ejemplo moral. Deus guarde a tua alma.