DESAPARICIÓN FORZADA

Andrés Núñez Leites


La desaparición forzada, sea llevada a cabo por quien sea, es una acción contra la humanidad. Destroza a las comunidades y sus efectos son transgeneracionales.

Un país puede resolver una amnistía a los asesinos (sean de izquierda o de derecha), pero incurre en un grave error si resuelve dejar los hechos en el olvido y/o la impunidad. La desaparición forzada es un delito permanente porque sigue aterrorizando a los hijos y a los nietos de los desaparecidos y a la sociedad toda, que se ve en la situación de tener aceptar que el Estado tiene de hecho la posibilidad de matar a un integrante de cualquier familia y ni siquiera devolver los restos.

La desaparición forzada atenta contra la paz. Quienes dicen: "Hay que pasar página" sin justicia, atentan contra la paz. Porque incluso hasta en la guerra hay reglas, o debería haberlas, al menos entre pueblos cultos y nobles. Y una de las más sagradas, para todos los piadosos, es permitir el duelo de los enemigos caídos.

La desaparición forzada de personas fue pensada como una técnica psicológica y política para inmovilizar al bando enemigo, sumiéndolo en el horror.

Quizá en algún momento podamos darnos la posibilidad de combatir-nos políticamente pero limitando nuestro propio poder. Acaso la ética pueda devenir una estética de la vida y la humanidad, una forma de hacer de la vida algo más bello.