LA EDUCACIÓN AL SERVICIO DE LAS CORPORATIONS

Andrés Núñez Leites

4 nov 2019


1. Las propuestas educativas regresivas del programa del Partido Nacional, no son, de modo alguno, exclusivas de esa fuerza política neoliberal. No sólo sintonizan con el resto de la derecha neoliberal, sino con algunas propuestas de la izquierda neoliberal del Frente Amplio, especialmente durante la administración Mujica, en que se creó el emblema de lo que tanto unos como otros aspiran para el sistema educativo: la UTEC, una universidad sin cogobierno, controlada políticamente por el poder ejecutivo, y, al igual que éste, al servicio de los requerimientos de las Corporations transnacionales, en este caso específico, en el área educativa terciaria.

2. Las administraciones del FA avanzaron en el mismo sentido dentro del cual el PN propone ahora acelerar la marcha, pero aquellas lo hicieron mediante otra estrategia administrativa: la creación de una institucionalidad paralela. Así se explica no sólo UTEC, como universidad no universitaria según el canon de UDELAR, sino el Plan Ceibal, como injerto del fetichismo tecnológico de arriba hacia abajo, desde una ONG neocons norteamericana vía el presidente uruguayo del primer y tercer gobierno del FA: Vázquez. Nótese que aún contando con el control sindical, el FA tuvo uno de sus más graves conflictos con los sindicatos de la enseñanza, que le torcieron la mano desacatando un decreto de esencialidad que aún avergüenza a la izquierda por su carácter represivo y por la explicitación de la diferencia de opiniones e intereses entre las élites y las bases izquierdistas. Y aún contando con el control mencionado, el FA no pudo evitar, en su interna, la lucha entre fuerzas más inclinadas hacia el neoliberalismo pedagógico (cuyo paradigma son los expulsados del gobierno que dieron lugar a la ONG EDUY21) y un sector más conservador de la tradición cultural universalista y vinculada a la cultura general, de raigambre marxista. Esa lucha interna selló un equillibrio inestable: le permitió al gobierno avanzar en el sentido de imponer proyectos privatizadores, planes de alcance masivo sin consulta docente, abrir las puertas de la enseñanza a las grandes empresas que han puesto al estado a su servicio, como UPM, someter la evaluación de la educación a los parámetros corporativistas de PISA, etc. Pero a la vez, le llevó a institucionalizar la participación docente en los órganos de control de la enseñanza, a reconocer legalmente la libertad de cátedra (aunque en la redacción contradictoria de la Ley de Educación, donde en un mismo enunciado se proclama dicha libertad y luego el sometimiento del docente a las órdenes de la policía pedagógica del sistema) y a frenar proyectos tecnocráticos de reforma institucional y curricular promovidos por la corriente pedagógica neoliberal , claramente regresivos en términos de la distribución social de la cultura general, el capital lingüístico y la capacidad de abstracción.

3. El objetivo político educativo estratégico del PN es derribar las resistencias internas en el sistema educativo, al proyecto pedagógico neoliberal, algo que el FA no pudo resolver, quedando a medias tintas (ni “Cambio de ADN” neoliberal ni reafirmación y actualización humanista). A juzgar por la proclama explícita de sus líneas programáticas, la estrategia del PN parece ser ir al choque frontal contra los docentes organizados en sindicatos, al proponer expulsar a los representantes docentes de los órganos de gobierno de la enseñanza (que cabe recordar no son elegidos vía sindical sino por votación docente universal, con lo cual han entrado también docentes de derecha neoliberal), al proponer eliminar el requisito de 10 años de experiencia docente para participar en dichos órganos -abriendo la puerta a la tecnocracia ajena al sistema-, al insinuar una voluntad de mayor restricción de la libertad de cátedra. Para desarrollar esta estrategia, el PN cuenta con una ventaja inestimable: los docentes organizados no configuran una fuerza social que esté en la base de su poder y atacarlos no representa un riesgo en términos de legitimidad ante los votantes del partido. El FA no tuvo esa posibilidad, lo que explica aquella amarga frase de Mujica, sintomática de dicho fracaso: “Hay que juntarse y hacer mierda a esos gremios, no queda otra. Ojalá logremos sacarlos del camino.” [1] Pero como contrapeso, un gobierno del PN y su coalición de centro y derechas, tendrá en contra no sólo a los sindicatos docentes, sino incluso a muchos de los políticos y militantes de la izquierda neoliberal, que de manera estratégica verán allí, en el apoyo a las luchas de los docentes contra el control político partidario de la enseñanza, un punto desde el cual atacar al nuevo gobierno, más allá que no se opongan a la cuestión de fondo.

4. Una frase que linda con el grotesco, dentro del programa del PN, es “Eliminación de la representación docente en los consejos de ANEP (arts. 58 y 65). La enseñanza es un asunto ciudadano y debe ser gobernada por los representantes de los ciudadanos.” [2] Por un lado es grotesco que se oponga docentes/ciudadanos, como si los primeros no fueran parte del segundo grupo. Por otra parte la representación docente no abarca siquiera la mayoría de los cargos en el gobierno de la educación. Además, los únicos representantes de los ciudadanos son, a nivel nacional, diputados, senadores, presidente y vicepresidente, por lo cual, inevitablemente la educación estará gobernada no por representantes de los ciudadanos, sino, a lo sumo, por delegados de los representantes de los ciudadanos, cosa que siempre ocurrió. Precisamente un punto a favor del FA es haber conjugado la delegación política mayoritaria con la representación docente minoritaria, aunque más no fuera como una válvula de escape para la presión docente de abajo hacia arriba en el orden jerárquico. En realidad lo que el programa del PN busca es eliminar a los representantes docentes y mantener a los delegados de los representantes de los ciudadanos. Los docentes, en esta visión política, serían seres egoístas que sólo velan por sus intereses gremiales, mientras que los delegados de los representantes de los ciudadanos, actuarían con vocación universal. Esta falacia de la representación universal de la ciudadanía y de las “Políticas de Estado” sobre la cual particularmente me he extendido en otra ocasión [3] oculta el hecho de que ningún gobierno, por más que se vea a sí mismo como universal, es otra cosa que la consolidación de un bando ganador en una lucha política, en una contienda entre relaciones de fuerza. Incluso que algo sea acordado por todos los partidos políticos no garantiza que “represente” siquiera a la mayoría de los ciudadanos, aunque sí a las fuerzas hegemónicas y posiblemente a la opinión pública mayoritaria. Mucho más sabios que los actuales dirigentes de la izquierda y la derecha neoliberal, fueron los políticos de comienzos del siglo XX, que, cuando consagraron legal y constitucionalmente la autonomía de la enseñanza, dándole preponderancia a los técnicos en la materia (los docentes, aunque fueran delegados de los representantes de los ciudadanos). Esa autonomía nunca fue total, no sólo por la elección política de los integrantes del CODICEN y los Concejos desconcentrados, sino por las inevitables presiones de cada gobierno y de cada oposición. Sin embargo, la salvaguarda constitucional del requisito de la experiencia docente y la consagración de una autonomía administrativa para la formulación de las políticas educativas, si bien no impidió que cada gobierno con su ideología dejara su impronta en el sistema educativo, impidió sí que la educación fuera fácilmente manipulable por las veleidades de cada gobernante de turno y los planes mesiánicos de sus tecnócratas de turno. Los legisladores de comienzos del siglo XX sabían que el sistema educativo trata con una parte preciosa de la nación: la subjetividad de las generaciones jóvenes, y que había que protegerlo de los golpes políticos. Es decir: tenían más conciencia republicana.

5. ¿Cuál es el modelo de persona al que aspiran tanto la derecha como la izquierda noeliberal? ¿Qué subjetividad buscan crear? Se trata de un sujeto puramente ejecutivo, un actor social sin historia, un puro presente sin filosofía consciente, aunque sí implícita en la visión del mundo que ordena a las personas y a la naturaleza como recurso, que cree conocer, cuando simplemente procesa información pre-digerida por las élites que (éstas sí) controlan el sentido del conocimiento (que necesariamente requiere de contenidos conceptuales y relaciones teóricas y discursivas que le den sentido). Una subjetividad flexible para cambiar de funciones, para adaptarse permanentemente a los requerimientos corporativos, a partir de una psicología positiva y un habitus cognitivo que identifica conocimiento y consumo. Se trata de parte de una agenda globalista, parte del avance de las Corporations económicas que han arrasado la soberanía de los Estados y los han convertido en agentes contratados para generar el entorno que sus inversiones requieren. La agenda neoliberal en educación busca acoplar más eficientemente sistema educativo y sistema económico, de modo que el primero genere las subjetividades que el segundo necesita para producir.

6. La lucha soberanista en otros terrenos, por ejemplo en los conflictos ambientales y económicos, pareciera encontrar su límite en la interconexión productiva de la economía global y el consiguiente abismal poder estructurador de los grandes capitales financieros que están detrás de las Corporations, lo que significará probablemente que en educación no pueda restaurarse o producirse un orden al margen de la influencia de dichos poderes. La educación siempre se termina adaptando al sistema económico, pero hay márgenes de flexibilidad sobre los cuales operar en beneficio de las comunidades y personas concretas, aún contra el poder económico. Es el lugar de las resistencias; todo poder las genera, y se manifiestan tanto en forma reactiva, como en forma creativa. De ahí que tampoco para los adalides del globalismo económico y la pedagogía neoliberal está todo dado, porque el resultado, en la interacción con las resistencias que despierta y que ahora, de ganar las derechas se acentuará, puede dar lugar a la producción de una realidad diferente a la planificada. De hecho, la lucha por la conservación y la actualización de la idiosincracia de nuestro sistema educativo, de su potencial civilizatorio, irradiante de cultura general, en la medida que a la vez que elabore teóricamente y diseñe acciones prácticas en torno a su especificidad, pero se atreva a asociarse con otras fuerzas que bregan por nuestra autonomía como sociedad ante el poder avasallante de las grandes corporaciones capitalistas, tiene algunas posibilidades de ser bastante más que una fuerza testimonial.


[1] http://bit.ly/33tKpOZ

[2] http://bit.ly/33tKAtD (pág.164)

[3] https://leites.neocities.org/20130504-el-mito-de-las-politicas-de-estado.txt.html