TRANSMISSION

Por Andrés Núñez Leites


Mi primera transmisión por radio, fue a los 10 años, en 1986, en el barrio Cuchilla de la Gloria, Tacuarembó. Una semana de tonterías, canto y delirio frente a un transmisor de FM de 100 m. Escuché, cerca del alambrado del terreno del fondo, del otro lado de la lagunita del medio de la cuadra, a algún vecino decir "Hay un gurí diciendo cualquier disparate en la radio." El transmisor era hecho por mi hermano Álvaro (que en paz descanse), quien entonces tenía 14 y empezaba a hacerse a las artes de las plaquetas, el cloruro férrico, los transistores y las antenas. Merece señalarse especialmente, para evitar que caiga en el olvido, el arte del bovinado, porque las bovinas se hacían a mano, sim senhor: había que calcular matemáticamente cuántas vueltas de alambre de cobre grueso y cuántas del fino para obtener tal o cual transformación de voltaje o intensidad. Luego la radio transmitía al vacío, esperando encontrar algún oído amable u hostil -tanto daba. Todavía siento la misma intensidad al acercarme a un micrófono sabiendo que quizá haya alguien del otro lado. Porque la radio, en algún sentido, es una metáfora de la vida: siempre estamos buscando que nos escuche y nos hable alguien en otro lado. Stay tuned.