UN CURA Y UN FRENTEAMPLISTA CONTRA BOTNIA

Por Andrés Núñez Leites


Allá por 2005, cuando con unos amigos (técnicos de ONGs ecologistas, académicos de la maestría de ciencias ambientales, activistas de Tacuarembó) organizamos en Paso de los Toros una charla contra #Botnia (ahora UPM), todas las instituciones nos dieron la espalda. Nos negaron sus espacios. Una asociación de comerciantes local, que inicialmente nos cedía su local, horas antes del evento avisó que el local ya no estaba disponible para nuestra charla. No nos tomó por sorpresa.

Era la época de la xenofobia anti-argentina, incentivada por el gobierno del Frente Amplio para alinear a "las masas" de izquierda. Era la época de los militantes rentados de los barrios pobres que iban a pelear verbal y físicamente contra los ecologistas uruguayos y argentinos en Plaza Independencia (¿Recuerdan a "Los Uruguayos de Siempre"?). Era la época en que Bush amenazó a Argentina (años después Tabaré reconoció que fue a su pedido). Era la época en que "los intereses de Uruguay" equivalía a "los intereses de Botnia". Bueno... una época que no termina de irse.

Entonces, en medio del odio producido a granel por quienes parecían seguir el guión amigo/enemigo de Schmitt, fue el cura encargado de la Iglesia Católica local quien accedió a prestarnos el salón parroquial. Oportunamente se fue a San Gregorio esa noche; había que preservar la unidad de los feligreses. Una amable y silenciosa encargada habría de abrirnos el local.

El otro apoyo cuasi-institucional fue del director del hospital local. Alguien del Frente Amplio, sí señores. Participó de la actividad y promovió el tema en los medios de comunicación. Intentaba, infructuosamente, generar un departamento de salud ambiental. Una quimera que hubiese implicado el reconocimiento de la relación ambiente-salud por parte del Estado contratado por las corporaciones.

Este tipo de apoyo aparentemente impropio es tan frecuente que saber de él debería bastar para impedir que nos lleven las olas del odio identitario.