EDUCACIÓN BUENISTA

Por Andrés Núñez Leites


Yo trabajé en una ONG progresista buenista, en eduación no formal. La respuesta a la violencia y el bullying era siempre el abrazo y la contención para el que agredía, porque lo hacía por falta de afecto.

Los que golpeaban aprendían rápido que si se justificaban como víctimas de problemas en la familia, no eran sancionados. No se podía sancionar. Derechos sí, obligaciones no. La violencia era permanente. Se sentía la impunidad.

Yo decía amor sí, amabilidad sí, límites también. Los límites encauzan la energía, permiten la concentración del esfuerzo, adaptan a la sociedad, civilizan y disciplinan (¡oh, horror!). Se negaba a los niños pobres la posibilidad de aprender a respetar a los demás.

Allí, dirigidos por una consultora de ONU en derechos del niño (¿me sigue, amable lector?), al mismo tiempo que se proclamaba proteger los derechos de los niños más pobres, se los condenaba a las márgenes de la sociedad.

Todos los educadores renunciamos, pero la maquinaria progresista de fijación de pobres en la pobreza, sigue funcionando, a todo ritmo, y con gran resultado electoral y económico.