TANTO DAÑO A TANTOS: LA DEGRADACIÓN PLANIFICADA DE LOS NIVELES DE EXIGENCIA DEL SISTEMA EDUCATIVO

Por Andrés Núñez Leites

5 nov 2017


1. En el nombre de los más pobres: la oportunidad neoliberal


Se acepta oficialmente que los niños egresan de Primaria sin los conocimientos básicos necesarios en matemática y lengua. Se enuncia la tragedia en secundaria: un tercio de los estudiantes repite en el ciclo básico, y el rezago consolida luego una segunda tendencia preocupante: la deserción escolar. Se investiga a las poblaciones de estudiantes de secundaria y si se tuviera honestidad intelectual, se reconocería que la principal causa, la razón de fondo de la deserción y la repetición no reside en el sistema educativo sino en el económico: repiten y abandonan los más pobres. Ante la dureza del dato, se buscan rodeos, y fieles al espíritu conservador de las políticas públicas del neoliberalismo (en versión oligárquica y en versión progresista), se buscan soluciones focalizadas: relación del liceo con su entorno comunitario, clima áulico, descentralización académica para adaptar los contenidos al entorno del establecimiento. Algunas soluciones tienen pretención general, sobre todo la reforma curricular neoliberal, capitaneada por los técnicos izquierdistas de la fallida Reforma Rama de los 1990, que pretende reducir los contenidos impartidos y someterlos al papel de instrumentos de apoyo para el desarrollo de competencias cognitivas y laborales demandadas por el capital trasnacional. Pero en cualquier caso, la estrategia discursiva pasa por pretender rebajar el nivel de exigencias académicas y devaluar el nivel de contenidos que los chicos deben aprender. Porque en la sociedad actual, para estas gentes que confunden conocimiento con información y aprender con googlear, los conocimientos ya están dados y universalmente disponibles. No responden a la capacidad cognitiva fundada en el dominio de los discursos teóricos disciplinares, como hasta ahora, sino que parece que nacen por generación espontánea y se alojan en góndolas web de las cuales el estudiante consumidor puede servirse a gusto, desarrollando así su competencia para la resolución de problemas contextualizados. La cuestión es que el diagnóstico de crisis educativa con sus datos preocupantes en cuanto a los resultados académicos es más bien una excusa, una oportunidad para la implantación de una reforma neoliberal. Y no es que una vez situada la desigualdad económica como causa preponderante del fracaso escolar debamos sentarnos a esperar que cambien las condiciones económicas o debamos abandonar la crítica de los aspectos institucionales y curriculares que sí podemos controlar desde el sistema educativo, sino que las respuestas de los neoliberales no sólo no vienen a solucionar los problemas que utilizan como excusa, sino a agravarlos.


2. Por qué no funciona


Un buen ejemplo de política pública focalizada en el campo de la enseñanza han sido las "aulas comunitarias". Organizadas por ONG, con una metodología didáctica signada por la flexibilidad y el paidocentrismo, con baja exigencia académica y mucho apoyo y seguimiento personalizado, así como puentes con la familia de los chicos, no han logrado, empero, "reenganchar" a los adolescentes que desertan del sistema formal. Es decir: a pesar de intentar aprovechar los enfoques pedagógicos de la educación no formal, más centrados en las inclinaciones enunciadas por los estudiantes, con una intención menos fiscalizadora de los niveles de contenidos adquiridos por los chicos durante el proceso, no logran retenerlos dentro de la institución y mucho menos re-incluirlos en el sistema formal. Porque así como las reformas que enunciamos en el párrafo anterior, las políticas focalizadas de este tipo no pueden dar cuenta de factores que están ubicados antes y afuera del sistema educativo: el deterioro vincular familiar de los chicos, los problemas económicos y laborales de los padres, la estructuración violenta de las comunidades locales. Aún para sostener un proyecto liviano en contenidos, es necesario un habitus estudiantil que no está presente en las poblaciones más carenciadas. Dicho habitus requiere una serie de predisposiciones que pasan por la capacidad de posponer la satisfacción inmediata de los impulsos, concentrar las energías corporales e intelectuales en una tarea secuenciada. En otras palabras, disciplina. Dicho en modo inverso, aún cuando sus resultados serían humildes por el hecho de no tocar la base material de la economía familiar y de las clases sociales de las que provienen los estudiantes, un proyecto para captar a los adolescentes que abandonan el sistema educativo, debería articular pedagógicamente la enseñanza de esas predisposiciones de las que carecen, la formación de hábitos de estudio entendidos como hábitos intelectuales.


3. ¿Y si en realidad funciona?


Si ponemos en duda los fines explícitos del envión progresista de reforma educativa neoliberal, podemos encontrar algunas claves de su verdadera intencionalidad política. Analizando los efectos francamente negativos de la Reforma Rama en Secundaria en los 1990, los efectos igualmente negativos del avance de la pedagogía de las competencias cognitivas en Primaria -incluyendo junto a ella la abolición de hecho de la repetición y la reducción gradual de las exigencias académicas-, podemos ver que los mismos son diferenciales según las clases sociales. Es decir, en las clases sociales medias y en los sectores populares donde hay un sostén vincular y económico familiar, y donde hay cultura escrita en la casa, la afectación pasa por una modificación de las predisposiciones de los niños y adolescentes, tales que van formando el habitus requerido por las empresas trasnacionales: flexibilidad funcional, habilidad en el procesamiento de datos y en el manejo de las TIC, razonamiento centrado en la resolución de problemas. En las clases sociales más desfavorecidas, el efecto es más bien devastador, porque a diferencia de las anteriores, la escuela y el liceo son la única oportunidad para acceder al desarrollo de la disciplina intelectual indispensable para el desarrollo del pensamiento abstracto, y con la reforma neoliberal esa oportunidad se desvanece. El problema ético es que los adalides de la reforma podrían sinceramente no saber de estos efectos en los 1990, pero no pueden no saberlo ahora. De ahí que se puede concluir que efectivamente, a juzgar por sus efectos, la intención es una expropiación del capital cultural de las clases trabajadoras y medias bajas.


4. Resistencias al cambio


La planificación estratégica de las instituciones de enseñanza pública retoma el rótulo psicologista de "resistencias al cambio" para codificar como un acto de irracionalidad y estupidez la resistencia ante el poder, como si fuera una respuesta primitiva a la pérdida de comodidad dada por la interrupción de la inercia del statu quo. Sin embargo, el diálogo con los colegas docentes hace pensar que el grado de conciencia en torno al carácter disolvente que tiene la pedagogía neoliberal es mayor al que podría suponerse. Y esta también es una oportunidad. Se percibe que en el nombre de los más pobres, en el nombre de la exclusión educativa de los marginados por el sistema económico, se está fraguando una reforma que consolidará su marginación, y que sumará sus fuerzas en el campo pedagógico a la profundización de un sistema económico que está en la base de dicha marginación. El verdadero objetivo son los no excluidos, los integrados que no forman parte de la elite dominante, el 60% que no forma parte ni del quintil inferior ni del superior en las estadísticas: se trata de expropiar su capital cultural, su estructuración lingüística, su capacidad de abstracción. Una cuestión importante es pensar el sentido de la resistencia, y especialmente si más allá de la protección del derecho de las clases dominadas al acceso a la cultura general (la promesa de la escuela del capitalismo industrial), podemos pensar y articular unas propuestas que al mismo tiempo preparen a las generaciones jóvenes no sólo para adaptarse sino para tener la posibilidad de modificar el mundo en clave más ecológica, humana, comunitaria, igualitaria y en definitiva, habitable.