EL APRENDIZAJE COMO CONSUMO: CINCO NOTAS SOBRE LA PEDAGOGÍA NEOLIBERAL

Por Andrés Núñez Leites

4 nov 2017


1. La educación uruguaya prepara para un mundo que ya no existe, dicen con acierto los adalides del neoliberalismo pedagógico: un mundo de fábricas y administrativos cuyo correlato curricular serían las "materias" y las "clases", en serie, en grados, separadas unas de otras, ocupada cada una en su porción del proceso productivo, como en la línea de montaje de una fábrica. Pero la crítica es desequilibrada, por su intención estratégica: desmantelar el proyecto educativo moderno. Por ello pretende ocultar el lado luminoso de dicho proyecto: el conocimiento con vocación universal, la cultura general, la posibilidad de acceder a los fundamentos de la cultura, a criticarla, atacarla o reproducirla.


2. La propuesta de reforma pedagógica neoliberal pretende un cambio claramente desfavorable para las clases trabajadoras: pasar de la educación universalista, moderna, adaptada a los requerimientos del capitalismo industrial, a una educación adaptada a los requerimientos del capitalismo financiero, de la economía regida por las empresas trasnacionales, del trabajo endémicamente precario y en definitiva la formación de un habitus mental y operativo acoplable a la volatilidad de la firma como modelo de organización y sensibilidad. O sea: propone preparar a los perdedores de la economía del casino, con resignación y sin resistencia. Si la esclavitud del hombre moderno es ser una tuerca de máquina, la del posmoderno es ser una terminal de procesamiento de datos.


3. Un proyecto pedagógico debería evaluarse no sólo por los aprendizajes que genera efectivamente sino por los que permite, por las posibilidades que abre para los estudiantes. Y por las que cierra. La pedagogía neoliberal se basa en la devaluación de los contenidos y su sometimiento al desarrollo de competencias sociales y cognitivas entendidas como habilidades demandadas por la firma. El punto es que dicha devaluación implica volver inaccesibles los discursos que producen dichos contenidos, en la medida que el acceso requiere recorrer la significatividad secuenciada de cada disciplina (sí: gradual y acumulativa) y reconstruir las relaciones lógicas que establece cada teoría. De ahí que resulte natural para los demagogos del neoliberalismo pedagógico, suponer un mundo que tampoco existe: el de los conocimientos dados. Ese es en todo caso el mundo de los consumidores, o mejor dicho, el universo visual y experiencial del consumidor. La imagen más acorde del buen estudiante y buen trabajador "competente" es la de un comprador que recorre con su carrito las góndolas de un supermercado y va sirviéndose de aquí y de allá para "resolver un problema" de consumo. El punto es que el consumidor no percibe ni altera las relaciones sociales de producción, el circuito económico de cada producto ni los dispositivos markéticos que hacen de él un objetivo. Todo lo que lleva a que los productos estén en la góndola dispuestos de un modo y a un precio específico, se le escapa.


4. La pedagogía neoliberal confunde maliciosamente aprendizaje y consumo, así como confunde, concomitantemente, conocimiento y acceso a datos. La devaluación de los contenidos académicos se fundamenta en la accesibilidad universal a los datos vía Internet. De ahí que la imposición de un sistema de tecnologías de la información y el procesamiento de datos sea parte del proyecto neoliberal. Paradójicamente, el acceso universal es al mismo tiempo una puerta que se cierra, en la medida que resigna la producción de conocimientos al trabajo de una elite de las clases dominantes y su sofisticada servidumbre: los sectores de la economía que trabajan en la producción de capital simbólico, datos y mercadeo. Con la Universidad tomada por la financiación empresarial y los "sistemas de innovación", y las Humanidades reducidas a un papel testimonial, la hegemonía de los productores de ilusión markética está asegurada.


5. En una aparente paradoja, las elites sí seguirán accediendo a una educación más clásica, formándose en los hábitos de estudio y la disciplina, la postergación del placer inmediato en aras de la realización personal, el sometimiento al estudio de cosas que inmediatamente no gustan pero se saben necesarias para el dominio de un arte o una ciencia. Es sobre las clases trabajadoras y medias bajas donde el efecto de la pedagogía neoliberal asume la forma de una devastación. Allí donde los vínculos familiares y comunitarios están signados por la inmediatez de la supervivencia, por la violencia estructural y la soledad, y por lo tanto no pueden funcionar como un entorno generador de hábitos de estudio, disciplina entendida como regularidad y postergación de la satisfacción inmediata de impulsos, y donde no hay una verdadera cultura escrita que medie en la comunicación, si al mismo tiempo la escuela y el liceo pasan a un funcionamiento "light", sin exigencias en aras de la absoluta inclusión, contrario al disciplinamiento que requiere el trabajo intelectual, condescendiente con todos los niveles de rendimiento, empobrecido en contenidos, el efecto sólo puede ser disolvente. Digámoslo sin ambigüedad: estamos ante un proyecto de las elites dominantes para la expropiación del capital lingüístico y cognitivo de las clases trabajadoras y medias bajas.