PERO CONTAMINA (2)

/Por Andrés Núñez Leites/


Una entrevista en La Diaria al biólogo Javier Rodrigo García-Alonso [1] pone luz sobre un asunto clave para determinar el carácter contaminante de los procesos productivos a gran escala que se han echado a andar en nuestro país en los últimos lustros: agricultura basada en transgénicos y agrotóxicos, monocultivos forestales y plantas de celulosa. Se trata de dos detalles técnicos que en realidad son al mismo tiempo un problema político.


1. Cuando se mide la polución de las aguas, se determina que hay contaminación cuando las sustancias que se estudian (fósforo, metales, etc.) superan cierto margen. Ese margen es fijado por el Estado de acuerdo a normativas nacionales e internacionales, siempre en discusión, pero en la medida que las mediciones se centran en el medio líquido, que es esencialmente dinámico, dependiendo de la fecha en que se hagan las mediciones (y del hecho que las visitas de DINAMA no suelen ser sorpresivas sino anunciadas) es probable que las empresas estén dentro de la normativa, es decir, "que no estén contaminando". A lo sumo, se deja constancia de la ocurrencia de "eventos" de contaminación, es decir, acontecimientos puntuales, que luego se diluyen en el promedio anual, siempre debajo del tope permitido por el Estado.


Otra cosa es que se mida en los sedimentos de los ríos y mares. Es decir, allí donde por ejemplo los metales suelen acumularse. De ese modo, es posible que un emprendimiento productivo no esté volcando al medio ambiente más mercurio que el permitido por la normativa ambiental, lo cual le permitiría seguir operando indefinidamente; sin embargo, si tomamos en cuenta la acumulación de ese metal en los sedimentos del río, allí podríamos tener otro criterio para medir la contaminación y la afectación posible de los organismos.


Se puede decir que aquí aparece un problema jurídico: se puede responsabilizar a una empresa por lo que efectivamente está volcando al medio ambiente, pero no por lo que otros han contaminado previa o simultáneamente. Sin embargo, podría fijarse un tope de presencia de sustancias químicas contaminantes para autorizar la continuidad de un proyecto, más allá de quién las haya derramado.


2. El otro aspecto a tener en cuenta es que las sustancias químicas orgánicas e inorgánicas que se vuelcan al medio ambiente no actúan solas, sino que pueden interactuar o causar un daño más grave en los organismos a partir de su simple agregación. Este es otro "detalle" descuidado por las mediciones. Salta a la vista en temas como el de los agrotóxicos, en que se mide la presencia de glifosato, atrazina, etc., a partir de estudios internacionales de la incidencia de cada una de estas sustancias, pero no de las mismas combinadas. Si el lector se toma el trabajo de buscarlo por Internet, encontrará que los vendedores de agrotóxicos con frecuencia promueven el "carácter sinérgico" de sus químicos, es decir, de la potencia superior que adquieren al sumarse a otros químicos que ellos también venden. Del mismo modo, sería fundamental saber qué efectos causan en los ecosistemas locales no sólo el fósforo, el mercurio, el cromo o el plomo, sino sus distintas combinaciones de acuerdo a la presencia de unas actividades productivas u otras.


Botnia/UPM no contamina. Ese parece ser un enunciado inapelable de acuerdo a las "mediciones científicas" de los gobiernos uruguayo y argentino. Sin embargo, tanto en este caso como en el caso de la agricultura basada en transgénicos y agrotóxicos, si pudiéramos medir tanto la sedimentación y en general la acumulación en el medio ambiente de las sustancias poluídas, como la interacción entre las mismas, posiblemente arribaríamos a otras conclusiones bastante más sombrías.


Todo este asunto técnico es también político. En la medida que el Estado ha pasado de ser árbitro o promotor a socio y operador político de las corporaciones contaminadoras, se ha vuelto juez y parte, quedando a la defensiva para proteger procesos productivos que, dentro de una estrategia tercermundista de economía neoliberal extractiva, están en el centro de su esquema de acumulación de capital financiero y político.


Las respuestas tendrán que venir de un acoplamiento entre la población no organizada, la sociedad civil y los investigadores académicos. O no vendrán. O llegarán tarde.


[1] https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/1/estudio-academico-detecta-metales-en-gran-parte-de-las-playas-del-rio-de-la-plata/ Si no logra acceder al artículo original, puede ver una copia aquí: https://www.evernote.com/shard/s274/sh/ca331269-5e24-468f-82a8-716439cba88c/09915d016feb75d621345c639ff446e6