EL GIRO A LA DERECHA

17.01.2016 22:06

/Por Andrés Núñez Leites/


Amiguismo en el otorgamiento de licitaciones y empleos públicos, exceso en los gastos suntuarios de las empresas públicas, mala gestión, sospechas de corrupción, empresas fracasadas, a lo que se suma una crisis económica motivada por el descenso de los precios internacionales de las materias primas que Uruguay exporta y un "tarifazo" contra la población para solventar los gastos del Estado. Toda esta situación genera críticas al gobierno progresista, tanto por derecha como por izquierda. Desde la izquierda se acusa al gobierno de haber consolidado un modelo tercermundista, basado en la explotación de la naturaleza mediante la concesión de regalías coloniales a las corporaciones capitalistas, y de haber paralizado cualquier camino hacia el socialismo mediante la cooptación de la central sindical. Pero no se ilusionen, señores, la crítica triunfadora será la de la derecha.


Cuenta la crítica derechista con algunos factores favorables: el poder de convencimiento masivo de los medios masivos de comunicación, una larga historia que coincide con la historia del país y que permanece en la memoria colectiva, la coincidencia con el sentido común individualista y consumista fomentado por la izquierda progresista en el gobierno. Voy a detenerme en este último punto: la promoción de una interpretación de la "igualdad", la tradicional bandera de la izquierda, como derecho al acceso a los bienes de consumo (incluso los bienes básicos de supervivencia), que se tradujo en planes sociales asistencialistas orientados a la población más pobre, no basados en la generación de empleo genuino (ni dependiente ni autónomo). Es que cuando la izquierda progresista asumió el gobierno, había un porcentaje de la población pobre hundida en el hambre luego de una década de neoliberalismo derechista puro y duro. Ahora: ¿por qué la asistencia a la pobreza no se tradujo, en diez años de gobierno progresista, en una promoción del trabajo cooperativo y/o autónomo? Porque ello no sería coherente con el modelo económico, que en términos generales, es el mismo de la derecha en la década anterior. Hubo, es verdad, algunos intentos de promoción de las "cooperativas sociales" a través de su privilegio en la contratación de servicios para el Estado, pero no dio buen resultado. Esos intentos aislados no podían superar la fuerza central de la maquinaria generadora de riqueza, apoyada en las inversiones corporativas. Otro factor que ayuda a la aglutinación de votos para los partidos tradicionales de derecha es la expansión de un discurso de la seguridad que se focaliza en los más pobres. En realidad, diversos datos apuntan a que hay delictividad en todas las clases sociales, sólo que la delincuencia de los más pobres es la que se vive con más sufrimiento por parte de la población, en la medida que implica el hurto directo de propiedades y la rapiña violenta, cara a cara, y afecta la movilidad de la población, sobre todo en los barrios más pobres, viviéndose el desplazamiento por la ciudad como una eventualidad temible. Los grandes delitos financieros contra el Estado, cometidos por personas de clases sociales altas, tienen un impacto directo sobre el nive de vida de la población, pero no es así percibido. Y también cabe agregar, volviendo a los delitos cometidos por los pobres, que la pobreza absoluta no es la causa principal de la delincuencia, sino la pobreza relativa, es decir, la diferencia y la percepción de la diferencia de ingresos; por ello, muchos de los presos en las cárceles tenían empleo cuando cometieron un delito, es decir, no eran la población más sumergida ni recibían ayuda estatal por concepto de asistencia social. El pensamiento derechista arrasa con la complejidad del asunto: "todavía que viven sin trabajar, delinquen". El corolario es, en caso del triunfo electoral de la derecha, la reducción drástica de la ayuda social a los más pobres. La ayuda que no se va a tocar es la que va hacia las clases dominantes por concepto de mantenimiento artificial del tipo de cambio, exoneraciones a las corporaciones capitalistas que explotan recursos naturales, especuladores financieros, etc. También colabora en este giro, la asunción del crecimiento económico y la promoción de las inversiones como eje central del discurso de la izquierda, más políticas sociales, porque este "capitalismo humano" convierte al gobierno en una cuestión de gestión, lejos de la justicia social, que pasa a ser un slogan decorativo.


Una ventaja de vivir en Uruguay, es que se puede ver en Argentina nuestro futuro próximo. Allí, el nuevo gobierno derechista practica algunas recetas típicas del neoliberalismo: endeudamiento, despidos masivos, recortes de programas sociales, represión policial a los movimientos sociales, etc., pero ha hecho una gran innovación: ha colocado en los cargos más altos del gobierno, directamente, a los gerentes de las corporaciones trasnacionales. Nótese que se saltea a los políticos, y ésto no es casualidad. En Uruguay, Novick, el recién llegado de la derecha, es quien tiene un perfil más claramente empresarial y anti-político, y busca traducir todos los problemas de la sociedad en una cuestión de capacidad de gestión empresarial del Estado. Colocar a los gerentes de las multinacionales como gobernantes es un gesto que aprovecha la devaluación social de los políticos tradicionales, tras décadas de fracaso en la lucha por la superación de la pobreza y el subdesarrollo, y que pretende universalizar la lógica empresarial de la eficiencia, en la gestión de la cosa pública, y el precariado como condición laboral universal.


Por el lado de la izquierda no hay posibilidades. Primero por una cuestión organizativa, por la dispersión en una multiplicidad de grupos. Segundo por una cuestión ideológica: los grupos que tienen más fuerza son los más cercanos al estalinismo, es decir, a un modo de organización y a una imaginería revolucionaria estatista autoritaria inaceptable por parte de la mayoría ya no de la población en general, sino de la población simpatizante de la izquierda. La izquierda no estalinista, por otra parte, si bien ha tenido avances simbólicos en la crítica de la economía capitalista a través del movimiento ecologista en los conflictos ambientales, no logra articular aún uno o varios protectos de sociedad alternativa, no pudiendo superar una posición reactiva. Hay una carencia en los planos del deseo y la imaginación.