PEDAGOGÍA NEOLIBERAL, ALFABETIZACIÓN OPERATIVA, SIMPLE, DESPOJADA

13.12.2015 16:29

/Por Andrés Núñez Leites/


Hay quienes han catalogado -y yo mismo me he visto atrapado por esa tentación- a las nuevas generaciones como pos-léxicas. Las mismas "adolescerían" de la falta de lectura, pero en realidad la lectura como tal nunca fue algo muy extendido, excepto por los novelones y las revistas del corazón, así que en última instancia el "decadentismo" siempre alude a un pasado idílico ficticio. Pero haciendo las salvedades correspondientes, es decir, teniendo en cuenta que de cualquier modo la mayor parte de las poblaciones no ha accedido jamás de un modo amplio y democrático a la capacidad de abstracción y lectura de estructuras gramaticales complejas como las de un ensayo o un aforismo, digamos que sí, que hay un impacto innegable de la hiperkinesis multimedia en la capacidad de lectura. Las generaciones que están creciendo bajo la influencia de internet no pueden evitar la reducción del umbral de atención y esto se refleja en el aula: los niños se aburren. Pero se aburren de cualquier manera, excepto que les pongamos videos divertidos. Algo similar ocurre en el ámbito de los adultos, incluso los que somos anteriores a internet. En nuestro caso, el discurso complejo y la narración o la argumentación que requería la concentración moderna ha dado paso a la presentación electrónica, al PowerPoint o al Impress con contenidos esquematizados y digeridos. Un efecto del márketing que se despliega sobre el discurso empresarial, pero también en el aula universitaria. Deberíamos cuestionarlo radicalmente: ¿es verdad que la gente sólo se queda con los slogans y con las frases altisonantes o los núcleos semánticos de los textos? ¿No hay acaso una retención de aspectos secundarios e incluso de los adornos retóricos que hace al aprendizaje? Quienes nos enamoramos de Foucault o Nietzsche durante nuestra etapa universitaria también lo hicimos por una estética. Pero volviendo al comienzo: no se trata de pos-lexia sino de una nueva lectura apenas alfabética, reducida a su mínima expresión operativa. Ahora el mensaje ha deconstruido su complejidad y se ha vuelto esquemático y práctico, operativo, productivo. Se lee estrictamente lo necesario para actuar. De ahí que esto revierta sobre el discurso pedagógico desde la pedagogía neoliberal, tan pronta a sobreadaptar el sistema educativo al económico: sólo se necesita lo que sea útil. "¡Basta de literatura y filosofía!" parecen clamar los adalides de la nueva "educación para el trabajo" y los políticos ex-revolucionarios arrepentidos que alertan contra el "viruviru" intelectual de la izquierda uruguaya.


Entonces la educación uruguaya tendría que sumarse pasivamente a la orientación del aparato productivo, es la receta desde el nivel corporativo y sus lugartenientes del sistema político -y ese parece ser el destino de todos los sistemas educativos de las sociedades regidas por el capital y el Estado. Enseñar y aprender con una estética, una retórica y un esquema de relaciones laborales y de relaciones pedagógicas empresariales. Las evaluaciones externas, los proyectos de centro, el control informático de la labor del docente a través de plataformas como Gurí, parecen señalar esa tendencia. Pero sin embargo, hay que discernir entre los objetivos explícitos de esta tendencia reformista y los implícitos. Entre aquellos, está la adaptación acrítica a una forma de precariado laboral: el trabajador que puede manejar un PC, googlear y cumplir diversas funciones luego de una pequeña capacitación, parece ser el ideal empresarial. Entre los otros está la reducción del universo utópico o su eliminación. En esto la izquierda no sólo es cómplice sino autora, en la medida que la renuncia al socialismo, fatalmente identificado con la derrota del estalinismo del socialismo real, requiere la reducción de los horizontes utópicos de las bases movilizadas, ahora ya no entorno a la revolución sino a la inclusión en el consumo capitalista. La derecha feliz. Un mundo feliz.


Sin embargo hay una fisura que el sistema, aún con todas sus armas y sus planes ceibales o engañapichangas no puede resolver: la adopción de una pedagogía informatizada, de una pedagogía multimediatizada, de una pedagogía neoliberal, en definitiva, no sólo no resuelve los malos resultados en términos de aprendizajes -aún si aceptamos su definición Google del aprendizaje. ¿Por qué? Porque el acoplamiento de las estrategias didácticas multimedia y entretenedoras y la reducción del umbral de atención y abstracción, hacen bucle. O sea: hacer una educación "más divertida" traerá aún peores resultados en materia de lectura y razonamiento matemático, por mencionar los saberes clásicos de la escuela. ¿Por qué? Porque hay aprendizajes que no son divertidos ni dinámicos, sino que requieren disciplina, concentración, sistematicidad, consecutividad y control racional de la totalidad del proceso de aprendizaje, tanto por los docentes como por los alumnos. La escritura y el razonamiento matemático, en sus niveles superiores, requieren el desarrollo de esas virtudes. Y: ¡cuidado! No estoy reivindicando aquí la disciplina moderna sino la clásica de las elites de oriente y occidente, la que coincide con el arte de la meditación y la lectura profunda, del diálogo con el maestro y la discusión en el bar fuera de la Universidad. Acelerar la didáctica y multimediatizar los recursos didácticos, en un trabajo pedagógico que se adapte pasivamente a la velocidad y el consumo de internet, no traerá otra cosa que una profundización del problema. Estaremos así coadyuvando a la generación de sujetos alfabetizados en la lectura y escritura de enunciados simples, capaces de leer y escribir mensajes breves y prácticos en torno a la producción y el consumo, y dejaremos en las elites la capacidad de abstracción y de lectura y escritura compleja.