SÍNDROME DE ALIENCIÓN PARENTAL: LOS NIÑOS A MERCED DE ABUSADORES Y ABUSADORAS

27.07.2015 21:07

/Por Andrés Núñez Leites/


La definición de un "síndrome de alienación parental" (SAP) choca con un obstáculo epistemológico. En la medida que el rechazo del contacto con un progenitor por parte del niño y la narrativa de abuso construida en relación con dicho progenitor rechazado coinciden en buena medida con los comportamientos típicos de los niños que son efectivamente víctimas del abuso (físico, psíquico, sexual), hay una dificultad importante para atribuir los síntomas de modo inequívoco a la inculcación maliciosa de la madre contra el padre o viceversa, cuando bien puede tratarse de una expresión legítima, de parte del niño, de un rechazo al padre o a la madre que ha cometido algún tipo de abuso en su contra. Dicho de otro modo: una consecuencia no deseable de la incorporación del SAP como diagnóstico clínico y/o definición jurídica, puede ser la revictimización de los niños, que serían puestos a merced de un padre o una madre abusadora, aún contra su voluntad. Es claro que la acusación de alienación parental puede ser esgrimida por un padre o una madre abusadora, como forma de codificar el discurso y el rechazo legítimo de los niños en términos de odio injusto e inculcado en su contra y obtener apoyo estatal para revincularse con ellos y reproducir un vínculo de abuso.


Pero las cosas tienen sus equilibrios y contrapartidas. El rechazo categórico no tanto de la condición clínica de "síndrome" en tanto sistema de síntomas atribuibles a la inculcación maliciosa por parte de la madre o el padre que tiene la guarda física del niño, o más radicalmente como se pretende en algunos casos, el rechazo categórico de la propia posibilidad de la alienación parental, por un lado no tiene asidero en lo real y por otro lado también tiene graves consecuencias para los niños. Lo primero porque, aunque se lo niegue mil veces, efectivamente hay madres perversas y padres perversos; es posible establecer de modo riguroso e independiente, sobre todo en los juzgados de familia, pero también en la clínica psicológica, la existencia y la acción de madres y padres que, teniendo la guarda física de sus hijos, más o menos conscientemente se abocan a la destrucción del vínculo entre éstos y su otro progenitor, como forma de venganza o para satisfacer su narcisismo, entre otras razones posibles. Lo segundo porque en ese proceso de destrucción vincular se ataca uno de los pilares de la psiquis del niño, teniendo entonces la satisfacción del odio del progenitor malicioso el alto costo del daño emocional y de heridas psíquicas duraderas, que incluso acompañan durante toda la vida al niño cuyo derecho a vincularse con su padre y su madre aún después de la separación de la pareja ha sido vulnerado.


Tanto los grupos feministas como los grupos de padres tienen un poco de razón y sobre todo interés legítimo en la materia. La cuestión está en el equilibrio y en la justicia. Más allá que se adopte o no el SAP tanto en lo clínico como en lo jurídico, es innegable la existencia de estos dos fenómenos: la alienación parental y el abuso parental contra los niños. Las leyes no deberían barrer la posibilidad de existencia de uno de estos dos fenómenos, cualquiera de ellos, porque se estaría vulnerando los derechos de los niños. En los casos concretos se debe buscar un proceso judicial que no prejuzgue, y que dé garantías a todas las partes, para que los jueces, con el apoyo técnico necesario, puedan discernir si se trata de fenómeno o el otro, teniendo en cuenta siempre que el interés superior es el bienestar de los niños, algo que siempre se dice y muchas veces se olvida.