EL PACTO ESTÁ SELLADO: EL PRESIDENTE INSULTA A LOS DOCENTES Y LA TRIBUNA APLAUDE

10.06.2015 22:35

/Por Andrés Núñez Leites/


Cuando el presidente humilla a los docentes diciéndoles que para que haya aumento de sueldo tienen que merecerlo, habla para la tribuna. La misma tribuna que fue enseñada a creer la falacia de la absoluta responsabilidad docente por los malos resultados educativos, así como en la falta de relación entre la riqueza que se acumula y la pobreza que ésta genera. La misma tribuna que desconoce que el 30% de los niños pequeños tiene anemia, o que alguna relación debe haber entre las familias rotas por la precariedad económica, los padres extenuados en las largas jornadas de multiempleo y los malos resultados de la enseñanza.


Si se quiere conocer la imagen de una institución educativa óptima para la izquierda (y la derecha), hay que pensar en la recientemente creada UTEC: la universidad políticamente controlada, que crea técnicos de acuerdo a las necesidades de los empresarios. Si se quiere conocer la imagen de la innovación educativa y del papel de los docentes para la izquierda, hay que pensar en la farsa del Plan Ceibal, un proyecto carísimo de introyección de tecnología foránea, llena de software conductista pensado para el absurdo de los niños que aprenden solos, con ningún resultado en términos de aprendizaje, pero incomparable rédito político.


Está en marcha un golpe político a la enseñanza, cuya finalidad es eliminar los restos de autonomía de ANEP y como dijo hace poco el ex-presidente Mujica, "hacer mierda" a los sindicatos docentes, que aunque en un mar de contradicciones internas (en parte porque sus elites burocráticas son parte de la izquierda neoliberal) han logrado articular una mínima resistencia que, afortunadamente, de modo creciente, se extiende del simple reclamo salarial a la crítica de la pedagogía neoliberal que la izquierda busca imponer con su visión paidocéntrica, apoyada en la degradación de los contenidos, orientada al desarrollo de competencias cognitivas que se parecen demasiado a las competencias laborales que los empresarios reclaman en los foros internacionales y articulada en una reingeniería institucional inspirada en la competitividad capitalista.


La distopía que la izquierda neoliberal quiere hacer realidad es un mundo de crecimiento, contaminación y consumo, en el cual las clases medias bajas y trabajadoras se rinden ante un dispositivo económico avasallador y su educación se reduce a la socialización en los valores del respeto al orden establecido y a la adquisición de habilidades básicas, al adiestramiento para el mercado laboral, al salario mínimo, a la precariedad e indefensión colectiva.


Más preocupa el aplauso de la tribuna que el insulto del presidente a los docentes, porque aquél expresa una aprobación de una ideología reaccionaria y un acuerdo en la definición de lo real que coincide palmo a palmo con los intereses de las corporaciones capitalistas dominantes. La gente está aplaudiendo a un proyecto de expropiación del capital lingüístico y de la capacidad de abstracción de las clases trabajadoras. Si ha habido un trabajo pedagógico bien hecho en los últimos años, ha sido el que ha puesto en práctica la sucesión de gobiernos de la izquierda neoliberal, que ha convencido a la población y en particular a las clases trabajadoras, de que sus intereses coinciden con los intereses del capital.