ACERCA DE UNA HIPÓTESIS DE ILLICH

30.11.2014 19:17

/Por Andrés Núñez Leites/


La hipótesis de Illich, según la cual superado cierto quantum de extracción de energía de un ecosistema, el mismo se vuelve insostenible a la vez que la sociedad humana se vuelve crecientemente autoritaria, es una referencia clave para la crítica del desarrollismo de izquierda, así como para la visión de un futuro humano y natural armónico e igualitario.


Cuando una actividad humana productiva supera la capacidad de carga, es decir, la capacidad del ecosistema para reconstituirse, se altera el equilibrio del mismo y empieza a darse una serie de disfunciones que derivan en la muerte de individuos vivos (incluidos los humanos), la desaparición local de especies, el deterioro y contaminación del suelo, el agua, el aire. Al mismo tiempo, la gestión de altos niveles de energía ha estado históricamente asociada a la propiedad privada y/o estatal de las actividades productivas, en la medida que tanto la producción de sus herramientas como su funcionamiento y la distribución de los bienes que producen requieren una extendida división social del trabajo, un importante aparato de seguridad y la capacidad para gestionar un daño social y ambiental seguro, aún en contra de la voluntad de algunas personas potencialmente damnificadas. Es decir, requieren una alta concentración de poder. De algún modo podría decirse que los altos niveles de producción de energía tienen un efecto político dictatorial: baste ver la incidencia de las grandes empresas en los golpes de Estado, en la financiación de grupos armados, en la financiación de partidos políticos amigables con sus proyectos, en la imposición de secretos de Estado en torno a los detalles técnicos de sus actividades.


Es por lo anterior que no puede decirse que los proyectos de "energía limpia" sean estrictamente beneficiosos, aunque sean comparativamente mejores que los modos convencionales basados en los combustibles fósiles. Por un lado, no superan la paradoja de necesitar el uso intensivo de combustibles fósiles y otros materiales contaminantes (en su estracción y/o elaboración industrial) para la producción de sus componentes y por otro lado no superan la necesidad que mencionamos de un sistema social altamente diferenciado y jerarquizado que los sostenga. De hecho la lógica con que se producen, por ejemplo, los parques eólicos, es la de la provisión de energía a los grandes proyectos industriales, en la mayoría de los casos.


Entonces, un futuro al mismo tiempo ecológicamente sustentable, es decir, que integre al sistema social a la vida de los ecosistemas, armonizando al primero con su entorno natural, y que sea socialmente igualitario, requiere del decrecimiento económico como condición indispensable, y con ésto, sus consecuencias: una disminución de la velocidad de la producción y una renuncia a muchas de las comodidades modernas.