LA POBREZA DURANTE EL PROGRESISMO

20.08.2014 09:43

Por Andrés Núñez Leites

Grandes esfuerzos retóricos de los gobiernos progresistas han mostrado una caída prodigiosa de la pobreza en el Uruguay. La fórmula parece ser la siguiente: disminución de personas por debajo de la "línea de la pobreza" + acceso a la asistencia social del Estado.

 

Sin embargo, con dudosos argumentos como la "comparabilidad" con cifras regionales y de organismos internacionales, los gobiernos progresistas han sostenido el "método del ingreso" como forma de medir la pobreza. Por ese método, se establece una "línea de la pobreza", a través de la "Canasta Básica Total" (CBT), que indica el nivel de ingresos necesario para la adquisición de bienes indispensables para la vida, alimentarios y no alimentarios. Pero la cultura y la ubicación en la trama geográfica, la disponibilidad de servicios públicos, etc., desaparecen. Un nuevo trabajo de UdelaR [1] parece restituir lo que podría ser una medición de la pobreza desde una perspectiva socialdemócrata: tomar como base no sólo la línea de pobreza sino las necesidades básicas insatisfechas (NBI). Así, el resultado cambia sustancialmente. Si en vez de medir los ingresos necesarios para el consumo de mercancías necesarias para la vida, se mide el acceso efectivo a los medios que satisfacen las necesidades básicas, la pobreza aumenta significativamente. Según adelanta la prensa en el artículo a pie de página, el porcentaje de niños en situación de pobreza sería el doble (para 2011, 27,3% y 49,2%, según el método utilizado).

 

Dos pasos más hacia la izquierda, en términos metodológicos, implicarían: primero, rescatar de la tradición marxista la vinculación entre pobreza y desposesión de los medios de producción. De aquí, una persona que sólo dispone de su fuerza de trabajo y por lo tanto depende para su supervivencia de la voluntad de un empleador, está en situación de pobreza, más allá de la línea de ingreso y las NBI; y segundo, rediscutir la noción de "necesidad humana", actualizando los planteos de las décadas anteriores de Max-Neef, a partir de tomar como eje la potencialidad de la persona humana y su desarrollo equilibrado con el entorno social y natural.

 

El problema del progresismo es que las respuestas que ofrece son principalmente asistencialistas y dejan intocada la máquina que produce la pobreza, por lo cual su efecto es mínimo, marginal: la propiedad de los medios de producción, el productivismo como enfoque económico depredador de los cuerpos y la naturaleza. Porque en realidad el progresismo representa una estrategia de acumulación económica neoliberal centrada en el lucro de las clases altas y de las corporaciones trasnacionales, que en lugar de reprimir violentamente a la población pobre (aunque por momentos lo hace) aplica políticas sociales de contención de la pobreza, o mejor dicho, de sus aristas más filosas.

 

Por otra parte, a pesar de las mejoras salariales, el progresismo tiende a mantenerse dentro de la regla capitalista del salario mínimo ubicado en la línea de reproducción de la fuerza de trabajo (a medias sistémica, a medias voluntariamente impuesta por los gobiernos) [2]. Pensemos, como lo hace el Estado, en términos de nivel de ingresos: una pareja joven con un hijo, en la cual trabajan ambos, por un salario mínimo nominal, durante 44-48 horas semanales, de $8.960, que descontados los impuestos queda en aproximadamente $7.067. Ahora bien, si esa pareja, con ingresos totales de $14.137, desea vivir en un lugar que no sea un asentamiento irregular, y alquilan una vivienda en un barrio periférico de Montevideo, dispondrán, con mucha suerte, de sólo uno de los dos ingresos para cubrir todas sus necesidades, lo cual es imposible de realizar. Y si pensamos en ese niño de esa pareja de trabajadores, no habrá política asistencial o promocional suficiente (CAIF, escuelas de tiempo completo, etc.) capaz de compensar la falta de bienes materiales y de disponibilidad de tiempo familiar -por no mencionar por ejemplo la inestabilidad de las parejas en situación de pobreza-.

 

La política de salario mínimo y el hecho que el salario se ate a la inflación proyectada y no a las ganancias de las empresas (esas sí, intocables y libremente transferibles a los precios de los consumidores), son dos muestras del carácter clasista de los gobiernos progresistas, de sus límites prácticos e ideológicos. La pobreza es necesaria en el marco de una estrategia de acumulación volcada del lado de la oferta, es decir, en la concentración de la riqueza para favorecer las inversiones productivas y especulativas.

 

 

Notas:

 

[1] El País: Método que aplica Udelar duplica la pobreza infantil http://www.elpais.com.uy/informacion/udelar-medicion-base-nbi-duplica.html

[2] Si vemos las cifras oficiales, veremos un paralelismo evidente entre la evolución del SMN y la CBT http://www.ine.gub.uy/banco%20de%20datos/soc_indicadores_soceconomicos/CBA_LP_LI%20M.xls