TIANANMÉN EN URUGUAY

08.06.2014 19:22

/Por Andrés Núñez Leites/


Fue en 1990. Llegaba al Uruguay el nuevo presidente chino Yang Shangkun, quien apenas un año atrás ocupaba el cargo de máxima jerarquía del ejército, responsable de la << masacre de la Plaza de Tiananmén >>, donde muere una cifra indeterminada de estudiantes que reclamaban democracia y libertades individuales y de la represión generalizada, también con una cifra indeterminada de muertos -pero en ambos casos hablamos de miles- a los obreros chinos que se manifestaban por todo el país, especialmente en Beijing. De ahí que el episodio también sea conocido como << la masacre de Beijing >>.


Uno podría pensar, como los comunistas chinos del gobierno de entonces, que se trataba de una maniobra << contrarrevolucionaria >> financiada por el << imperialismo norteamericano >>, pero aún así en aquél momento me costaba entender que hubiera gobernantes capaces de masacrar a su juventud.


(Foto: CATHERINE HENRIETTE/AFP/Getty Images)


También costaba entender cómo la izquierda uruguaya con representación parlamentaria, que venía de sufrir, literalmente, en carne propia la brutal represión del Estado dictatorial uruguayo, no fuera capaz de tener un gesto de humanidad en el sentido universal del término y también en el sentido más inmediato de piedad y empatía con los más débiles y se negara a condenar lo ocurrido, o al menos a manifestar su desacuerdo con la práctica del terrorismo estatal en China. Irónicamente -en tanto la izquierda uruguaya aún se identificaba en el discurso con el socialismo y las clases trabajadoras- además de los estudiantes de la Plaza de Tiananmén, en 1989 toda China estaba en llamas por un movimiento obrero que había salido a la calle a protestar contra las reformas pro-capitalistas que habían sumergido a la clase obrera en nombre del crecimiento económico, a la vez que el control sindical comunista les impedía cualquier forma de resistencia. Mientras la prensa internacional se concentraba en Tiananmén, sus estudiantes liberales y su tragedia, el ejército chino masacraba las barriadas obreras de Beijing.


Los parlamentarios uruguayos de los partidos de derecha manifestaron su condena a las acciones del gobierno chino, olvidando que hacía menos de un año ellos mismos habían consagrado la impunidad para los funcionarios de su propio Estado responsables del terrorismo estatal del que recién estábamos saliendo.


En ambos grupos la misma actitud deshonesta humana e intelectualmente: un << doble estándar >> para juzgar a los gobiernos y sus crímenes, según fueran percibidos como << amigos >> o << enemigos >>. Y nada de ello en propiedad exclusiva, ya que ese pensamiento << partidista >> se extiende por todo el cuerpo social, y por ello no recibe el repudio de los votantes cuando se expresa a nivel de los dirigentes partidarios.


La libertad individual no aparece como dádiva de ningún gobierno sino como resultado de las relaciones de fuerza que se disputan el poder en el campo político y social. Quizás aquellos valientes estudiantes y obreros -independientes o no, manipulados o no- soñaron con la inocencia y la rebeldía propia de la juventud, con un levantamiento ciudadano masivo. Algo de eso hubo, pero no fue suficiente.