FUGA POR LA IZQUIERDA

31.05.2014 15:56

/Por Andrés Núñez Leites/


/Hay votantes que valen más de un voto. Tienen un efecto multiplicador por su capacidad de discurso, argumentación y análisis. No suben a tarimas pero hablan en reuniones familiares, el ámbito laboral y las redes sociales. Hacen dudar a otros y pretendiéndolo o no, convencen. Pertenecen a distintas clases sociales pero tienen por lo general un denominador común: el manejo de la escritura y la abstracción./


/ Votantes de ese tipo son los que históricamente han hecho crecer al Frente Amplio de manera sostenida, antes que la varita mágica del apoyo empresarial le abriera las puertas de la publicidad y la presencia mediática, en forma paralela al planificado agotamiento de la participación directa en los comités de base, que hoy sólo abren en períodos electorales, ya no para decidir sino para difundir mensajes de la elite partidaria.


El capital cultural de esos votantes les permite mirar críticamente la labor gubernamental del que siempre sintieron como << nuestro partido >> -siendo cada vez menor la intensidad semántica del adjetivo posesivo tal como por ellos es interpretado-. No son << la masa de votantes >> y por ello pueden ver que no basta con que algo sea hecho por un gobernante históricamente izquierdista, además de edulcorado con un intento de codificación izquerdista, para que sea de izquierda. Las cosas cambian con el tiempo y la topografía política es siempre relativa: izquierda y derecha, siempre categorías relativas al punto de referencia, en lo que hace a su política económica se han promediado de tal modo en el centro que los propios conceptos de izquierda y derecha parecen anacrónicos. Si embargo los conceptos no son, bajo circunstancias sociales concretas, infinitamente elásticos. Algunas referencias deben permanecer para que el concepto siga teniendo al menos algún aire de familia con sus interpretacione pasadas.


Por lo anterior es que los votantes críticos y multiplicadores que evoco no ven con buenos ojos una política económica que si bien ha atendido a los focos de marginalidad ha beneficiado a los grandes capitales y ha hecho caer la carga impositiva en los trabajadores y pequeños empresarios. Tampoco ven bien que un << compañero presidente >> haga buenas migas y de hecho agende algunas de sus políticas en sintonía con magnates norteamericanos que juegan como titiriteros con los países más vulnerables a su deseo de inversión y lucro. Mucho menos que un ex y futuro << compañero presidente >> forme parte de la Fundación Wilson, sea consultor del FMI, haya intentado crear un TLC con EEUU y le haya pedido al presidente más radicalmente derechista de ese país la amenaza de intervención militar para inclinar a su favor la balanza en un conflicto con un país vecino y hermano. A los votates multiplicadores no les parece respetable seguir apoyando la recolonización de Haití. Se dan cuenta -porque algo de la historia de América saben- que la agricultura industrializada, las mega-plantas de celulosa, la forestación y la mega-minería a cielo abierto no generan las bases para una sociedad con relaciones de poder menos asimétricas, sino todo lo contrario. El medio ambiente no les parece un tema secundario, se saben parte de él, y la postura productivista e industrialista << out of date >> fomentada por el gobierno de izquierda les parece un retroceso cultural. Los votantes críticos y multiplicadores no ven bien que un ministro << compañero >> favorezca a empresarios amigos con llamadas telefónicas para inducir la violación de la ley en beneficio de éstos y no encuentran justificación moralmente sostenible para que el ministro se vaya de comilona con quienes organizan la compra de bienes y servicios públicos mediante oscuras componendas. Tampoco les parece aceptable que unas pocas empresas de construcción se hagan de las principales obras públicas y casualmente siempre presionen, bajo la amenaza del incumplimiento de lo acordado, para obtener y de hecho obtengan más partidas millonarias de dinero estatal no previstas en el abultado presupuesto inicial. Que los casinos estatales sigan dando pérdida les parece tan sospechoso como las adjudicaciones de ANCAP y las pérdidas de esta empresa justo en el año previo a las elecciones. La política ambivalente en materia de Derechos Humanos tampoco cierra para dichos votantes: procesamiento de represores emblemáticos de la última dictadura, pero sostenimiento de la ley de impunidad; ocultamiento y negación de las torturas a menores encarcelados y promoción de la concientización para evitar la baja de la edad de imputabilidad penal de 18 a 16 años; discurso humanista y represión desembozada contra los asentamientos más pobres.


Crece el voto en blanco y el voto anulado entre los (ex) votantes del Frente Amplio, porque no aceptan el devenir del partido pero tampoco se sienten identificados con una Asamblea Popular demasiado recostada en la tradición estalinista de la izquierda. Es alta la probabilidad que hayamos entrado en una secuencia de movimientos pendulares por los cuales a los gobiernos de derecha neoliberal les siguió una izquierda neoliberal por dos o tres períodos, que luego será reemplazada otra vez por la derecha, apenas cambien los precios de las materias primas que exportamos en el mercado exterior y se haga imposible sostener el modelo de atraso cambiario a cambio de endeudamiento externo, y en la medida que la inseguridad por la delincuencia (tanto real como sentida), generada por el sobre-estímulo al consumo y la pauperización relativa por el aumento de la desigualdad y la concentración de la riqueza, se torne menos soportable. Entonces esa derecha volverá para destruir el poder de los trabajadores organizados, por mínimo que sea, tirar aún más abajo el poder adquisitivo de las familias trabajadoras (para reducir los costos productivos) y desplegar una represión policial generalizada contra los pobres. Finalmente los votantes estarán atrapados entre la posibilidad de votar para hacer volver al gobierno a la izquierda neoliberalizada o seguir soportando una derecha neoliberal obsesionada con el principio de autoridad.


La democracia capitalista tiene un cerrojo difícilmente sorteable: los partidos sólo acceden a la publicidad mediática si consiguen enormes sumas de dinero que sólo pueden ser provistas por las grandes empresas y fundaciones. Esa financiación condiciona definitivamente al gobierno << de izquierda >> y establece las prioridades de su agenda así como su verdadero sentido político. La burocracia que requiere un gran partido, y el principio de representación, que genera líderes estables, profesionalizados, que manejan información en mayor cantidad y con anticipación en relación a los militantes, y el hecho que la búsqueda y el logro de contactos empresariales para la recaudación de fondos se vuelva una necesidad del partido, hacen que en la lucha interna por el poder sean los más exitosos empresarios y profesionales de izquierda los que dirijan el partido. Años de lucha y sacrificio personal de tantos en aras de la acumulación de poder << en beneficio del pueblo >> terminan entronizando a una elite de izquierda con una posición social, unos vínculos y unos intereses idénticos a los del gran capital.


Los votantes críticos y multiplicadores lo saben, lo intuyen, lo sienten. Hicieron crecer al Frente Amplio y lo harán decrecer.


¡Creo escuchar las carcajadas de Robert Michels!/