GALEANO A SOL Y SOMBRA

18.04.2014 21:50

/Por Andrés Núñez Leites/


Mayo de 2005. Frente a unas mil personas, en la Plaza Libertad de Montevideo, Eduardo Galeano pronuncia un discurso crítico contra el Frente Amplio. Él no se siente un opositor, sino alguien que desea aportar a la obra de gobierno desde la crítica. Se siente frenteamplista y cree que la lealtad pasa por decir las cosas que se piensan, aunque no se piense lo mismo que el primer presidente frenteamplista en la historia del Uruguay, Tabaré Vázquez -quien entonces vivía gracias a la prensa y a una ciudadanía eufórica por el triunfo de la izquierda, una especie de "culto de la personalidad"-. Y es que el nuevo y flamante presidente estaba por autorizar la implantación de BOTNIA, la mayor planta de celulosa del mundo, a orillas del Río Uruguay, sin la aprobación de la vecina Argentina, a la que obligaban los tratados bilaterales. La instalación de una mega-empresa de celulosa implicaba el aumento dramático de las superficies forestadas y con ello, del uso intensivo de agrotóxicos, la extranjerización de la tierra, la migración de poblaciones rurales desplazadas hacia los bolsones de pobreza en las ciudades, además de la propia contaminación que la planta de celulosa generaría. Allí estábamos aquella noche y pudimos ver a Galeano recordarle al gobierno que el Frente Amplio era precisamente amplio, y que la crítica no era traición, que la teoría de la atracción de inversiones trasnacionales para repartir luego las ganancias con el pueblo nunca había funcionado, que fue el pueblo quien había votado al Frente Amplio y no el mercado.


Galeano pagó su osadía con 4 ó 5 años de exclusión de los eventos públicos organizados por el gobierno. Se lo rodeó de un muro de silencio oficial. Todo a pesar de su histórica militancia en el partido de gobierno y su obra literaria reconocida mundialmente. Reapareció ante los focos del Estado recién sobre fines del quinquenio, cuando el gobierno municipal de Montevideo le entrega una distinción honorífica (las "llaves de la ciudad"). Le llegaron salutaciones de todos los presidentes de izquierda sudamericanos, pero no hubo un sólo representante del gobierno de Vázquez, quien ni siquiera le envió un mínimo mensaje de reconocimiento.(2)


Ya para le época de las llaves de la ciudad, el escritor había empezado a desmarcarse de la política del Río de la Plata y a enfocarse más en cuestiones literarias y de política de tono global. La estrategia rindió sus frutos, los agravios parece que fueron olvidados paulatinamente e incluso sintonizó con Mujica, un presidente que también habla de modo grandilocuente sobre los grandes problemas de la humanidad generados por el egoísmo y la ambición capitalista, pero que en la interna uruguaya acusa a los ecologistas de generar "terrorismo ambientalista" (3) y gobierna desde el más feroz neoliberalismo (o pos-neoliberalismo, desde que ha pasado de las privatizaciones al uso del Estado para garantizar el blindaje legal y la provisión de recursos para la realización del lucro trasnacional). Pero Galeano no ve lo que no quiere ver. Uno puede entender que la exclusión pública es muy dolorosa para un escritor de perfil público, máxime cuando viene del propio partido político -lo cual mueve aspectos psicológicos vinculados a la identidad y el sentido de pertenencia-, pero las declaraciones de apoyo a Mujica, que se suman a una oleada mediática internacional que lo ensalza como una especie de presidente libertario, desconociendo las actitudes equívocas del presidente en materia de cuidado del medio ambiente, Derechos Humanos, la condena pública irresponsable a los trabajadores de la educación, parecen desmedidas.


Dijo Galeano recientemente, que cuando se recuperaba de una intervención médica por una grave enfermedad, hace siete años, soñó que le hablaba Mujica, el actual presidente uruguayo: "(...) 'Você é o presidente da República. Vai governar esse país. Não perca mais tempo comigo', disse Galeano. 'Ah, linda maneira de ser amigo!', replicou Mujica. 'Você não tem alternativa. Você é presidente ou presidente. E todo mundo quer que você continue presidente para mais 200 ou 300 anos', respondeu o escritor." (4)


Uno puede entender que, como ser humano, Galeano sienta la necesidad de adorar a un líder. Pero parece poco coherente, muy poco coherente. Quizás no los discursos en palestras internacionales, pero la obra concreta de Mujica contrasta radicalmente con las ideas manejadas por Galeano públicamente en sus textos y en sus discursos, como aquél con el que empezamos esta nota.


El giro amigable de Galeano con el segundo gobierno del Frente Amplio habla de algunas cosas que van más allá de los avatares personales de los implicados. Habla de la dura represalia de la exclusión conque los partidos políticos en el gobierno castigan a sus críticos, sobre todo a los críticos que provienen de su interna, porque son los que tienen a la vez mayor legitimidad y mayor capacidad de cuestionamiento, por hablar en un "idioma" similar al de los simpatizantes del partido.


No soy admirador de la obra literaria de Galeano. Pero por algún resquicio romántico revolucionario de mi memoria se cuela la imagen del escritor que tenía todo para acomodarse y disfrutar las bondades del apoyo de los poderosos y aquella fría noche de mayo de 2005 se paró en el estrado y dijo frente al micrófono lo que muchos (que a fin de cuentas éramos muy pocos) pensábamos, los que nos resistíamos a cambiar de guión, contrariando las órdenes impartidas por la elite del Frente Amplio que acababan de acceder al gobierno. Creo que de algún modo me afecta el cambio de actitud del escritor porque todos los que pretendemos tener un pensamiento crítico, desde este humilde bloguero hasta los más reconocidos investigadores, escritores, músicos y demás artistas, sabemos que el día que nos rindamos y agachemos la cabeza frente al poder de turno vamos a encontrar algo de alivio frente al dolor de la exclusión, quizás algún premio, algún cargo público, la seguridad económica, o al menos el saludo y el abrazo de reconocimiento del gobernante que en sus manos tiene el poder social de instituir (en parte) el valor de la obra legítima y del autor legítimo. A veces la condicion humana es así de triste.


*Notas:*

(1) Transcripción del discurso de Eduardo Galeano en Plaza Libertad http://mirandoalsur.blogia.com/2005/081202--hr-h2-u-uruguay-h2-u-.php

(2) "El presidente uruguayo desaira a Galeano" http://www.eluniversal.com.mx/cultura/56663.html

(3) "Mujica criticó al terrorismo ambientalista contra Aratirí" http://www.republica.com.uy/mujica-critico-al-terrorismo-ambientalista-contra-aratiri/

(4) "BIENAL/ Eduardo Galeano fala à imprensa brasiliense" http://vejabrasilia.abril.com.br/blogs/eixo-cultural/brasilia/o-torcedor-escritor-eduardo-galeano-fala-a-imprensa-brasiliense

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