PENSAR VENEZUELA: CRISIS DEL MODELO PROGRESISTA-POPULISTA

03.03.2014 22:14

/Por Andrés Núñez Leites/


Algunas ideas provisorias, como /work in progress/sobre el actual conflicto venezolano visto desde Uruguay:


1. Más allá de las encendidas proclamas de Chávez en su momento, Venezuela poco a poco ha ido propiciándose como formación social "amigable" con el capital trasnacional, atrayendo así inversiones de grandes capitales, especialmente en el rubro energético. Esa opción le ha llevado a desplazar por ejemplo la carga impositiva sobre la burguesía local media y pequeña y sobre los trabajadores mejor posicionados. Del mismo modo que en los progresismos del sur, Venezuela ha generado una redistribución de la riqueza basada en dos principios: el crecimiento de la economía y la traslación de fondos desde las clases medias hacia las clases populares. Ésto ha generado una sólida base de apoyo popular, pero un rechazo de las clases medias, que si bien también se han venido disfrutando de la bonanza petrolera no ven con buenos ojos que se subsidie a los más pobres y a los más ricos. Ahora bien, el éxito en la reducción de la pobreza no ha sido hecho sobre la base de la modificación de la matriz productiva sino de su acentuación: los consistentes intentos iniciales del chavismo por generar cooperativas obreras y otras soluciones socializantes no han pasado de ser un hecho marginal en términos de la acumulación económica del sistema, que ha crecido sobre la base del aumento del PBI y por lo tanto de la plusvalía, por decirlo en idioma marxista.


2. Al igual que en el sur, quizás por el efecto estructural de largo plazo de la cultura de la pobreza, pero quizás también por ser una efectiva cantera de votantes y potenciales militantes movilizables, la asistencia social ha generado dependencia en muchos casos, y no salidas genuinas de la pobreza extrema, si ésta es entendida como heteronomía también extrema.


3. El progresismo chavista ha engendrado una nueva variante de clase social, sumamente conservadora y potencialmente corrupta, con gran capacidad de control del aparato partidario: la "boliburguesía", que se ha enriquecido tanto por las estatizaciones como por las tercerizaciones. A juzgar por los hechos y no por las proclamas, el "socialismo del siglo XXI" parecería más bien un "capitalismo de Estado del siglo XXI" en el cual Venezuela intentaría acceder a la situación actual de China y Vietnam (y cada vez más Cuba): un Estado con un fuerte control tanto de los flujos de capital como del campo político interno, asociado al capital trasnacional pero con cierta autonomía política frente a otros Estados. Ya no se trata de vencer a la bestia sino de domarla, como quien dice.


4. Con el chavismo se ha fortalecido un enorme movimiento sindical, potencialmente socializante, aunque dentro de una perspectiva estatista, pero al mismo tiempo se ha controlado ese movimiento, a través de la sujeción partidaria y la promoción política de sus líderes, haciéndolo funcional a la estrategia de acumulación capitalista del chavismo. En general todos los movimientos sociales han sido de algún modo u otro cooptados por el oficialismo, que ha respondido con una dura represión policial y la aplicación de la draconiana y avergonzante ley anti-terrorista contra los grupos y personalidades autonomizadas. Contrario a lo que se cree, la ley anti-terrorista ha tenido en la izquierda no domeñada por el chavismo a su principal objetivo. Según la misma, el concepto de "terrorismo" es tan vagamente definido que se asimila al de interrupción de flujos del capital, por lo cual una manifestación obrera en las puertas de una instalación de PDVSA puede ser codificada como tal.


5. El aumento de la riqueza ha disparado el crecimiento de la delincuencia que, como es de consenso entre muchos analistas, no obedece tanto a la pobreza absoluta como relativa, es decir, a la concentración y visible abundancia de la misma y los deseos de consumo no satisfechos por parte de la población pobre. La inseguridad es el talón de aquiles de la izquierda capitalista y es la puerta de retorno para la derecha.


6. El gobierno se ha rodeado de enemigos, pero no puede atacar las bases funcionales de su riqueza material y su poder político, precisamente porque el crecimiento económico dentro del modelo se basa en su enriquecimiento, a la vez que en su exclusión política. Este último punto es clave: si bien los años de bonanza petrolera han beneficiado a amplios sectores de la burguesía, entre ellos a muchos opositores al chavismo, varios sectores de esa clase social próspera, sobre todo vinculados a las actividades económicas tradicionales del país, han quedado por fuera de la dirección política del país.


7. Para atenuar el peligro, Chávez diseñó un esquema militarista: no solamente hay militares ministros en el gabinete de gobierno sino que ha dado a los militares el control de parte del funcionamiento del Estado, es decir, los ha hecho partícipes tanto del enriquecimiento como del control político del proceso. Una jugada magistral, pero insuficiente dadas las contradicciones que el modelo de acumulación genera.


8. Es difícil pensar un adentro/afuera, es decir, definir un sistema-país y por lo tanto su afuera. Quizás precisamente la mayor obra del chavismo haya sido intentar generar un adentro distinto del afuera, es decir, propiciar la autonomía de Venezuela en relación con el resto del mundo, pero muy especialmente en relación con Estados Unidos. En países como Uruguay donde más allá de quién gobierne los capitales trasnacionales son los que dictan la agenda e imponen los ajustes internos para su acoplamiento, el anti-imperialismo venezolano parece casi una utopía. Si bien el chavismo ha intentado autonomizarse de Estados Unidos ha generado lazos de dependencia con respecto a China, al punto de enajenar en beneficio de este último estado parte de sus riquezas naturales.


9. ¿Quiénes se oponen al chavismo en las calles? De izquierda a derecha: una minoría ínfima de anarquistas y comunistas no absorbidos por el partido de gobierno, por motivos muy distintos, unos por oponerse al autoritarismo y al estatismo y otros por oponerse a la connivencia estatal con el gran capital; estudiantes no alineados, tanto de derecha como independientes e incluso de izquierda, que han visto reducirse mínimamente su derecho a la existencia política autónoma; sectores socialdemócratas y derechistas. Dentro de los sectores derechistas, el panorama tampoco es homogéneo: hay liberales, derechistas golpistas apoyados en Estados Unidos e incluso grupos de derecha con respaldo paramilitar de Colombia.