UNA CHICA SE VISTE PARA UNA CITA SOÑADA

30.11.2013 10:42

/Por Andrés Núñez Leites/


Se trata de un juego de niñas, cuya organización icónica lo hace utilizable incluso por las más pequeñas, de 3 años en adelante, y aparece en los portales más populares como friv.com


El desafío consiste en retener en la memoria durante unos pocos segundos cuál es el corte y color de pelo, la ropa y los accesorios que el chico desea ver en la chica en su cita. Luego se trata de preparar a una << chica genérica >> pasando por las sesiones de peluquería, vestuario, etc., para que se adapte al deseo del varón. El machismo del juego llega al clímax de la obscenidad cuando según el resultado se acerque más o menos al deseo del varón, éste sonreirá o parecerá enojado, y la chica sonreirá o se avergonzará.


En una primera lectura hay dos elementos muy cuestionables: la sujeción de la estética femenina al gusto masculino, ya mencionada, pero también la maleabilidad absoluta del cuerpo de la mujer en relación con ese deseo. Así, múltiples procedimientos de transformación son capaces de conducir, desde cualquier punto de partida, al ideal expresado por el varón. Luego, ese ideal expresado por el varón es a la vez una construcción markética: si hay una << chica genérica >> como punto de partida del proceso transformador, también hay una << chica genérica >> en el punto de llegada, más adaptada al deseo maculino y al mercado. << Hacer la diferencia >>, como reza el anglicismo que se aplica para estas ocasiones de preparación cosmética, parece querer decir, paradójicamente, más bien lo contrario: borrar las diferencias. En esta perspectiva, las mujeres son un producto en serie, o por nichos de mercado, cuanto menos.


Se puede decir que la << autenticidad >> es un mito. Todos, varones, mujeres y humanos en general -más allá de esa codificación binaria tradicional- somos producto de nuestra adaptación a las expectativas de los demás. La << adecuación >> de nuestras maneras y formas de vestir y la << aceptación >> que buscamos provocar, orientan mayormente nuestras decisiones, y cuando fallamos, los mecanismos psico-sociales de la << burla >> y la << vergüenza >> están allí para recordarnos que pertenecemos a una comunidad con una poderosa capacidad de ajuste de las desviaciones de conducta, incluso en las urbanizaciones más marcadas por la diversificación de individualidades característica de la posmodernidad. Pero ello no quita que haya márgenes de libertad dentro de esas estructuras y que podamos plantearnos explorarlos, tensarlos al punto de cuestionar dichas estructuras por las formas de dominación a las que se agencian.