RECUERDO PARA UNA LOCA

26.10.2013 20:26

/Por Andrés Núñez Leites/


Tenía entonces 7 años pero aún recuerdo su cara desencajada. La loca -alta, rubia, de pelo largo y desordenado, vestida con colores llamativos- llegó gritando, con los ojos bien abiertos y le habló a los niños que estaban en el murito del edificio que daba a la calle 25 de mayo:


- ¿Dónde está su padre? ¡Quiero hablar con él!


Se asustaron, como me asusté yo, que estaba entrando en el comercio contiguo. Corrieron hacia adentro y al instante salió el portero, un hombre grande, fornido, de pelo extremadamente corto y bigote, camisa de un color cualquiera y buzo escote en ve. Intentó detenerla y la contuvo con sus brazos, hasta que ella empezó a pegarle y él le pegó una cachetada que la hizo caer de costado sobre la vereda de baldosas amarillas. Parecía muy frágil. En las películas de entonces, cuando una persona gritaba, parece que ese era el tratamiento adecuado para sacarla del ataque de nervios, pero recuerdo muy bien que esta vez sólo empeoró las cosas. La loca ahora gritaba más fuerte y se movía de modo más descontrolado, agitando los brazos e insultando al portero.


A esa altura, superado el susto inicial, mirando desde la puerta de al lado, empecé a distinguir qué decía:


- ¡Cobarde! ¡Le pegás a una persona indefensa!


Entonces sale el dueño de la relojería a defender al portero y otro hombre grande -para mí todos los eran entonces- lo toma del brazo y le dice, como si hablara de una raza especial de personas:


- No se meta en líos, esta gente es así.


Llega entonces la policía, justo para sofocar los últimos gritos de la mujer:


- ¿Dónde está el coronel? ¡Ese sí es un cobarde hijo de puta! ¡Que salga que lo voy a matar como él mató a mi Eduardo! ¡Esa basura torturó y mató a mi marido y ahora vive aquí muy tranquilo con su familia!


La esposan con facilidad y se la llevan. Ella casi no resiste y se deja llevar, sentadita en la parte posterior de la camioneta policial.


Yo sólo miraba y entristecía con ella.