JUEGO SUCIO EN UN VIDEO PUBLICITARIO: ¿HUMOR O LEGITIMACIÓN?

17.07.2013 23:06

/Por Andrés Núñez Leites/


Luis Suárez se porta mal, pero como la sociedad no es un sistema igualitario sino que asigna diferentes posiciones con diferente grado de prestigio y poder, el excelente pero enojadizo deportista recibe todas las loas en Uruguay. Cuando a ojos vistas de todo el mundo se peleó con un jugador francés nacido en Senegal y lo llamó "Negro", hasta nuestro presidente de la república se unió al coro que unánimemente lo defendió ante la acusación de racismo. Aún asumiendo que no haya habido una intencionalidad racista de parte de Suárez, debería llamarnos la atención que nadie en el "mundo futbolístico" ni en el campo político señaló al menos tímidamente la inconveniencia de usar términos de identificación racial en una discusión con un africano, habida cuenta de la discriminación y en ocasiones de la violencia de la que son víctimas tanto en Inglaterra como en Uruguay por el color de la piel. Pero la cosa ni empieza ni termina ahí: el jugador uruguayo pega, grita, muerde, exagera los efectos de los golpes que recibe. No estamos aquí juzgándolo como ser humano, pues como parecen coincidir todos quienes lo rodean, se trataría de una excelente persona en el trato familiar y un excelente compañero con sus colegas. El problema es el valor social que se le atribuye a sus desviaciones de conducta.


Un video publicitario de una empresa de intermediación financiera local se construye sobre la base del humor en torno al fenómeno Suárez: un gran jugador, pero que se porta mal, y lo traslada al contexto de la empresa. Allí trata de ganarle a un compañero practicando el /bullying/a través de empujones a su teclado, golpeándolo con una pequeña pelota de papel en la cabeza. Se enoja y patea una máquina que no funciona. Se enoja y rezonga a todos porque no hay más café. Cuando le dan demasiado trabajo se arroja al suelo de la oficina -como exagerando un "fault" en el fútbol- y pide cambio, que lo haga alguien más. Finalmente le lleva la torta a un compañero jovencito que cumple años y sopla las velitas antes que el festejado, para incomodarlo, y luego lo abraza para reconfortarlo, porque era una broma. Como en el fútbol, sus colegas se quejan por su mala conducta, pero el saldo es positivo porque es un buen empleado y, como en la vida misma, "tiene llegada con la gente."


Pero el video se mueve en una zona muy riesgosa pues minimiza el hostigamiento a un compañero y se lo codifica como algo gracioso, divertido. El efecto de sentido que pretende el video es que nos riamos de las molestias que el personaje-héroe causa a un compañero. Cualquiera que haya sido objeto de /bullying/en el ámbito laboral o de estudios, o que en el mismo ambiente haya sufrido el hecho de ser colocado en la posición de /chivo expiatorio/del colectivo sabe del sufrimiento que implica, la angustia e incluso el deterioro de la salud física y mental que implica ser víctima de esas situaciones que muchas veces se interpretan como graciosas e insignificantes por el resto del colectivo. Además la narración del video tiene implícito no sólo que a los héroes se les debe perdonar todo sino que lo que más importa son los resultados, y que si los mismos son buenos, los errores cometidos en el camino no son relevantes, algo que también es cuestionable, porque en la mayor parte de las cosas que hacemos el "medio" es casi todo lo que hacemos, es decir, nuestra cotideaneidad transcurre no tanto en la llegada a "metas" sino en el "medio" de un camino en el cual la convivencia es el entorno que deberíamos cuidar.


No sería sano ni justo tomar a Suárez como chivo expiatorio para castigar un afán de competencia generalizado que se fomenta como el camino a seguir para el progreso social y mucho menos tomar un incidente de su carrera para purgar nuestras culpas por un racismo tan arraigado en nuestros valores que se invisibiliza y se reproduce en las elecciones que hacemos en todos los espacios sociales. Pero tampoco parece del todo conveniente convertir sus errores en una curiosidad simpática, en una pieza de humor. En ambos casos estamos evitando vernos y mejorar como sociedad y como personas.