PERO CONTAMINA

05.05.2013 09:26

/Por Andrés Núñez Leites/


Entre 2005 y 2010, y dentro de ese período con más intensidad en la primer mitad, el Uruguay vivió una crisis identitaria.


Hubo una crisis identitaria de la izquierda: luego que las fuerzas locales del Frente Amplio en Fray Bentos impulsaran, del lado uruguayo y del lado argentino, la resistencia contra la mayor planta de celulosa del mundo que habría de instalarse en la ciudad mencionada, al triunfar el partido de izquierda se hace un viraje de 180º. El medio ambiente pasa a un segundo plano en relación con el valor social de la inversión económica generadora de empleo (aunque fuera provisorio, como se supo desde el comienzo). O se volvió objeto del discurso demagógico, al punto que el entonces presidente Tabaré Vázquez dijo que se había convencido de que la planta de celulosa no contaminaba al leer un "informe noruego" que, tras la investigación del periódico Brecha, se descubrió que no era otra cosa que un material de marketing de una consultora publicitaria asociada al sector de la celulosa de los países nórdicos. No contaminan, y, como dijo el mismo presidente, si contaminan se cierran. En este viraje se perdieron dos elementos clave: la perspectiva de clases, tradicionalmente influida por el marxismo, según la cual no podría verse como una correspondencia de intereses la inversión de la mega-empresa trasnacional extractiva y las clases obreras que habrían de emplearse circunstancialmente allí, por un período de dos a tres años mientras durase la construcción. Y se perdió una visión más integrada del proceso económico: ver a la empresa como generadora de PBI sin pensar en toda la cadena productiva de la madera, que si bien también genera producto por un lado, quita puestos de trabajo por otro al desplazar otras formas de producción agraria. Por supuesto que en esa ecuación no se integran variables "menores" para el productivismo desarrollista de la izquierda, como el deterioro de la salud pública o el daño ambiental.


Hubo también una crisis identitaria nacional. El conflicto con los vecinos de Gualeguaychú, respecto del cual se dijo mucho respecto al apoyo estatal argentino, pero absolutamente nada respecto a la participación política de la izquierda uruguaya no frenteamplista y de las organizaciones ecologistas uruguayas, atizó tanto desde el gobierno como desde la oposición un discurso xenofóbico antiargentino, porque claro, ellos sólo piensan en su conveniencia económica, como si los uruguayos pensáramos en el bienestar universal en estos asuntos, sus políticos son corruptos, los nuestros no (?!), ellos mienten, nosotros no... El pensamiento colectivo, o mejor dicho, el discurso hegemónico respecto al tema en Uruguay derivó en un primitivismo lamentable por el cual todo derivaba en una cuestión de confianza: el presidente es médico, no va a favorecer una industria generadora de cáncer o daño ambiental. ¡Qué disparate! ¡En eso creían los uruguayos! Del mismo modo, creyeron que "si contamina se cierra", cuando luego, lo que ha ocurrido desde entonces hasta ahora, es que cada vez que aparece una noticia (1) debidamente fundamentada por actores externos al conflicto, que prueban el carácter contaminante de la empresa Botnia-UPM, es que la autoridad ambiental y el gobierno, bien apoyados por la oposición de derecha, no han hecho otra cosa que encubrir los hechos, matizarlos.


En la película de 2008 "La Ola" (Die Welle), del director Dennis Hansel, un profesor anarquista es impedido de dar un taller sobre las virtudes del socialismo libertario y la democracia directa y realiza un proyecto de taller sobre la autocracia. Con una serie de normas simples (levantar la mano y ponerse de pie para hablar, usar uniforme distintivo, ponerse un nombre identificatorio, obedecer al docente, etc.) y un /in crescendo/ de la intensidad emocional del vínculo con los alumnos, una mayor regulación disciplinaria, un cierre parcial en relación con el entorno, comienza a generar un fenómeno de masas que se le va de las manos. Los alumnos sufren desajustes emocionales, viven crisis de identidad, y ven, como querría Le Bon, disolver su conciencia individual en el colectivo, disminuyendo su resistencia ante el poder y aumentando su sugestibilidad. Tras un asesinato el experimento es interrumpido. Un hecho interesante, no menor, para pensar en la afectación de estos fenómenos de identificación paranoica con el colectivo (en nuestro caso con la Nación y con el Partido), es que el profesor mismo se ve en un proceso personal que lo va llevando, por la vía de los hechos, a la asunción de una moral práctica fascista. En ese mismo momento, la población uruguaya vivía un clima de identificación absoluta con el poder, los diputados y senadores del gobierno y la oposición hablaban de "los intereses del país" para referirse a los intereses de Botnia, el gobierno movilizaba al ejército para evitar una incursión armada de ciudadanos argentinos a la planta industrial, el presidente uruguayo hablaba con el norteamericano para pedir gestos amenazantes de apoyo al Uruguay.


Quienes nos oponíamos al proyecto de la celulosa éramos percibidos como "fundamentalistas", se decía de nosotros -porque no teníamos voz directa para hablarle a la población- que queríamos retroceder a la edad de piedra, que le hacíamos el juego a la Argentina. Alguna personalidad muy cercana al presidente Vázquez participó en la organización de un grupo saboteador ("Los Uruguayos de Siempre") que utilizó la violencia para disolver una manifestación anti-Botnia en la Plaza Independencia. Aquellos años parecen lejanos porque cuando se genera un fenómeno de esta naturaleza, una corriente social tan consistente pero que a la vez pasa, como una ola, nuestra psiquis genera el sano mecanismo del olvido, la sensación física de que no ocurrió o no es posible, más allá de nuestro recuerdo conciente, tanto en quienes formaron parte de la ola como en quienes tuvimos que protegernos de ella. Tengo dos recuerdos vívidos de entonces: el primero es en una manifestación en la cual a lo sumo seríamos cincuenta ciudadanos frente a un edificio gubernamental, con algunas pancartas, que acompañábamos una audiencia pública referida a este conflicto, cuando un par de automóviles con banderas del Frente Amplio se detuvieron y sus integrantes nos insultaron a gritos, luego pasaron a discutir entre ellos y pude escuchar a uno decir "No, no, dejalos..." y a otro "Dale, los cagamos a patadas", y finalmente se retiraron. El disenso no era tolerable. Por aquél entonces una manifestación de la izquierda no frenteamplista en la Plaza Matriz contra la cumbre de presidentes de América en Argentina, fue duramente reprimida por la policía luego que los manifestantes fueran apedreados espontáneamente por simpatizantes del Frente Amplio. ¡Pero si algunos meses antes nos manifestábamos juntos contra las mismas cosas y a favor de los mismos principios! El segundo es en Paso de los Toros, cuando organizamos con un médico local (frenteamplista a muerte pero que se negaba a aceptar la autoridad como criterio de verdad), la ONG Redes y algunos militantes libertarios de Tacuarembó una charla con académicos de la Facultad de Ciencias; entonces pocas horas antes del evento la asociación de comerciantes nos comunicó que nos negaba el local que originalmente había ofrecido y por fortuna (en este caso debería decir "gracias a Dios"), por la mediación de una antropóloga amiga, un cura católico del lugar tuvo la gentileza de cedernos el salón parroquial y la prudencia de irse a otra ciudad justo a esa hora. Nadie quería identificarse con la oposición "verde".


"Eppur si muove" o "Pero se mueve", dicen que dijo Galileo para salvar el cogote frente al tribunal de la Santa Inquisición tras abjurar de la idea de una Tierra que giraba alrededor del Sol. Las primeras mediciones hechas en las aguas del Río Uruguay tras la puesta en marcha de la mega-planta de celulosa parecían confirmar la tesis gubernamental uruguaya. Algarabía y publicidad de la noticia en todos los medios de prensa posibles. Pero tal como se advirtió por nuestra parte en aquél momento, más temprano que tarde comenzaron a llegar otras noticias, de signo contrario, que no recibieron la misma amplificación, aunque reconozcamos que han llegado a tal punto de periodicidad que hasta los informativos han tenido que hacerles lugar, seguidas siempre, claro está, por la voz justificadora del gobierno departamental o nacional. Las plantas de celulosa indefectiblemente, más allá que pueda regularse que su polución sea "absorbible" por el medio ambiente, generan efectos residuales, acumulativos. Y por otra parte, al ser llevadas adelante por grandes empresas, tienen siempre la posibilida de hacer trampa, de utilizar sustancias prohibidas, como es el caso del endosulfán, cuyo vertido al Río Uruguay acaba de comprobarse. Polución de metales (como el mercurio) y eutrofización del agua por exceso de nutrientes (nitrógeno, por ejemplo).


Todo el modelo productivo del Uruguay y de la Argentina, basado en la explotación insaciable de la naturaleza, genera contaminación, pobreza, enfermedad, corrupción y dependencia económica. Pero esto no puede apreciarse públicamente por lo menos por cuatro motivos: la escala de percepción de los ciudadanos, que tienden a manejarse con el entorno inmediato (si tienen o no empleo, si tienen la heladera llena, si pueden comprar un auto mejor) y con datos de la escala nacional presignificados por los partidos políticos y los medios de comunicación; los mecanismos psíquicos de defensa, por los cuales las personas se protegen de la crisis de identidad que les generaría sentirse engañados por sus líderes partidarios y descuidados por el santo Estado, y tienden a negar las evidencias contrarias a la visión hegemónica; el tratamiento de la prensa, que se coloca automáticamente del lado de sus fuentes de financiación (empresas y gobiernos); la hegemonía de un discurso desarrollista por el cual el crecimiento económico es un valor en sí y está fuertemente ligado a la posibilidad del bienestar económico general por el flujo de capitales que genera.


El desafío principal para revertir el estado de cosas es llegar a cuestionar la realidad, desnaturalizando la forma en que ésta es percibida y representada, la forma en que consecuentemente se interviene en ella. Para ello es necesario superar tanto la percepción de derecha como la de izquierda, que si bien tienen diferencias, porque en el caso de la segunda promueve una "distribución de la riqueza" generada por los capitalistas o por el Estado monopólico, y en el caso de la primera promueven un bienestar general "por goteo" de las inversiones de los más ricos, tienen en común la idea del desarrollo económico basado en el crecimiento constante del producto y en el sacrificio de los ecosistemas locales y sus poblaciones humanas incluidas.


(1) http://lahoraverde.com/2013/03/19/determinaron-que-botnia-upm-arroja-endosulfan-al-rio-uruguay-aunque-esta-prohibido-en-60-paises/