GAYMAN: CUÁNDO OFENDE EL HUMOR

05.05.2013 09:17

/Por Andrés Núñez Leites/


El humor o humorismo, desde el punto de vista psicológico tiene por lo menos dos funciones: atenuar el sufrimiento vía distanciamiento afectivo del objeto temido y dejar expresar, de un modo indirecto, socialmente aceptable, lo que está reprimido. En última instancia, el humor siempre se refiere a un objeto real, o a una representación tenida por real por parte del sujeto, en términos operativos, más allá que el humor muestre la caricatura y no la fotografía o la imagen recordada de la cosa sobre la que trata.


Desde el punto de vista semiótico, el humorismo genera un desplazamiento sígnico. Es decir, trata una cosa a través de una deformación de sus signos habituales, recurriendo a recursos como la ridiculización, ironía, exageración, omisión. Este desplazamiento, en el caso del chiste, se manifiesta como descripción de personajes y situaciones que se inscriben en una secuencia narrativa que se desenlaza con una disrupción en el desempeño del rol de los personajes. Un cuento que termina en disparate, digamos.


En el intento de hacer reír al auditorio, el artefacto humorístico, tanto en la selección de signos que representan al objeto como en su tratamiento narrativo, produce un efecto de sentido sobre el objeto. El chiste, la parodia, la caricatura, delatan nuestra percepción de aquello de lo que nos reímos.


En el carnaval montevideano de 2013 se dio un entredicho entre dos artistas, uno que representaba a un homosexual varón afeminado: "Gayman", y otro que, desde su auto-identidad homosexual se sintió ofendido por dicha representación y lo hizo saber mediante una protesta pública (1)(2). Gayman, como en el caso de casi todas las representaciones de varones homosexuales afeminados y mujeres homosexuales masculinas de la televisión del Río de la Plata en los años 1970s y 1980s, refiere a una percepción degradada del objeto, del tipo de personalidad representada. ¿Por qué? Porque la exageración del estereotipo, de los rasgos que no son tanto reales como pre-concebidos por quienes no pertenecen a esa categoría social (hiperfeminización, hipermasulinización, ridículo en el actuar y en el vestir, grandilocuencia y efusividad en el hablar, hipersexualización, insatisfacción, atracción por los heterosexuales, etc.), deja de lado los signos que puedan coincidir con valores aceptados por el statu quo; no se señalan, o no se lo hace suficientemente, los rasgos socialmente apreciables del personaje caricaturizado. Quizás porque un homosexual afeminado y una lesbiana "machona" muy inteligentes, moralmente elevados o artísticamente refinados no harían reír al público al que está dirigida la parodia, que tal vez lo leerían como defensa de la homosexualidad y como una identificación del guionista o el actor con la categoría social de la cual se ríe. Esto último precisamente porque la risa que despierta en el año 2013 un personaje cuyas líneas generales fueron trazadas hace 40 años se explica por la comunidad de representaciones mentales, signos y valores entre el artefacto humorístico y el público que ríe. Por si no soy claro, estoy diciendo que la sociedad uruguaya es decididamente homofóbica.


Otro es el caso de las representaciones humorísticas del Presidente Mujica por parte de diversas murgas y parodistas del carnaval uruguayo. En ellas se genera un efecto de sentido muy positivo en términos de la valoración del objeto representado. Si bien se exageran y se hace burlas respecto a las presuntas torpezas, contradicciones, rasgos físicos del Presidente, éstos signos negativos son intercalados con otros de carácter muy positivo, tales como la sabiduría, el coraje y la honestidad. El efecto de sentido es que Mujica es un hombre gracioso, honesto y con buenas intenciones.


Se puede hacer humor sobre cualquier cosa: sobre los homosexuales, los gordos, los afrodescendientes. Esto incluye no sólo la creación humorística, sino el uso de palabras como "negro", "gordo" e incluso "puto". La cuestión principal es el contexto lingüístico y social en que estas palabras son usadas, o aquellos chistes o parodias son realizadas, y el control del efecto de sentido que generan, de la sensación afectiva y la imagen mental que recrean o de la cual reniegan. En algunos boliches gay, sin ir más lejos, los espectáculos artísticos llevados adelante por homosexuales y travestis en muchas ocasiones toman como objeto de burla su condición sexual, pero los chistes y "gags" de homosexuales allí realizados, si bien utilizan los mismos recursos que en los casos anteriores, mayormente no evocan una imagen degradada de la categoría social representada y si bien pueden llegar a ser muy autocríticos, la sensación final que generan es que se trata de personas humanas, con aciertos y fallas como cualquiera. Porque incluso la burla y la irreverencia pueden ser en el fondo respetuosas, colaborando, a través del humor, con la dignificación de las personas.


*Notas:*

(1) Entrevista al actor que representó a "Gayman" en el carnaval uruguayo de 2013, en ella se puede ver un fragmento de la representación http://www.subrayado.com.uy/site/noticia/20697/de-que-nos-vamos-a-reir-de-las-gallinas-se-pregunto-cucuzu

(2) Carta del coreógrafo Martín Inthamoussu denunciando el carácter homofóbico de "Gayman" http://www.subrayado.com.uy/Site/noticia/20668/martin-inthamoussu-protesta-por-la-homofobia-en-el-carnaval