ZOOLÓGICO DE VILLA DOLORES: ACCIÓN DIRECTA E INTERPRETACIÓN

04.05.2013 22:14

/Por Andrés Núñez Leites/


Crece en adeptos el movimiento anti-zoológico y más en general el movimiento en defensa de los animales, en el Río de la Plata y en todo el mundo. Como todo grupo autoconsciente con una misión loable -pocas cosas pueden equipararse al /Bien/ como el /amor/ y la /piedad/ por los animales- genera en su interior una variedad de posiciones políticas que van, tanto en términos ideológicos como de modalidades de acción, de la moderación a la radicalidad. Se diría que toda lucha política exitosa pasa por una adecuada alternancia de la acción de estas variantes en los momentos justos. De hecho una misma persona puede transcurrir entre una posición y otra en diversos momentos, guiado por su sensibilidad y/o racionalidad.


Que los zoológicos son cárceles de animales es una observación ya muy común, y esto último es algo muy bueno en la medida que genere (y genera) la reflexión ética de la sociedad, o al menos el sentimiento de culpa o -mejor- responsabilidad y la necesidad del cambio. Abunda la información científica sobre el daño físico y psíquico que la reclusión en zoológicos genera en los animales. Incluso algunos medios de comunicación masivos que, ante la incursión de un grupo de militantes por la liberación animal hace unos días en el Zoológico de Villa Dolores (Montevideo, Uruguay), sólo prestaron su espacio para amplificar la voz de la reacción indignada del /establishment/ político local, matizaron la información con el registro de alguna nota referida a la crueldad intrínseca del encierro de animales en pequeños hábitat artificiales y a la contradictoria sensación que despierta en muchos padres llevar a sus hijos a que vean animales exóticos en el zoológico al tiempo que les intentan transmitir la convicción de que "eso está mal".


La acción del Comando Anti Zoológico (incursión nocturna y /graffitti/), en tanto acción significativa que es /leída/ por la sociedad, requiere alguna reflexión crítica. En su favor, digamos que puede reforzar la cohesión grupal, acercar activistas sociales -sobre todo a los dados a la acción directa-, generar noticia y con ello poner "sobre el tapete" el problema del maltrato animal. Sin embargo, en la medida que los mensajes escritos fueron inmediatamente borrados por los administradores del zoológico (nadie podría realmente pensar que perdurarían hasta la mañana y serían leídos por los ciudadanos que irían a participar en la fiesta del centenario del zoológico), el único texto restante es la noticia de la incursión ilegal. Y como los medios masivos de comunicación tienden a construir las noticias a partir del discurso de las autoridades y de la oposición institucionalizada a las mismas, podría decirse que la acción del comando llega a ser pre-significada para la población masiva en forma de texto interpretado entre dos polos: el del funcionario gubernamental de izquierda que les atribuye una función liberadora pero rechaza su modalidad de acción y que expone la ya existente previsión de planes para la mejora de las condiciones de los animales en cautiverio y el del edil de la oposición de derecha que los descalifica con agravios.


Luego, la población sensibilizada en favor de la eliminación o por lo menos la atenuación del sufrimiento animal -que es mucho decir en un país carnívoro por excelencia como el Uruguay, donde el sacrificio de animales es visto como una necesidad incuestionable y donde las fiestas tradicionales incluyen rituales de maltrato animal vinculado a las faenas del campo- probablemente interprete la acción como un desatino de un grupo de jóvenes bien intencionados. Pero la población que no se ha planteado el tema y la que tiene una opinión negativa sobre los derechos de los animales, sólo tendrá, en principio, como /objeto/ para interpretar, las pre-interpretaciones mencionadas arriba y en su abrumadora mayoría se alineará en contra del movimiento. Para colmo, el robo de un tucán esa misma noche, es atribuido directamente al comando animalista ya sea para su liberación o para su tráfico -descartando la hipótesis de la presencia de otros autores oportunistas-, deteriorando aún más su imagen pública.


Probablemente la marcha pacífica de 500 personas ese mismo día es mucho más efectiva políticamente: admite lecturas empáticas de manera más generalizada y anima a sumarse a la acción, incluso cuando el espectro político partidario con representación parlamentaria, de derecha a izquierda -embriagado por la ola de inversiones en la explotación primaria de recursos naturales- se ha encargado de humillar, ridiculizar, desacreditar y criminalizar a los grupos ecologistas. Es verdad que, como señalan algunas críticas desde la izquierda, la identificación con un otro no-humano es de algún modo narcisista, signo de una posmodernidad donde es mayor la indiferencia por el otro humano, pero cuidado, porque una evidencia empírica debería movernos a cuestionar esa hipótesis, al menos en el grado de su generalización: muchos de quienes participan en el movimiento por la liberación animal son también parte de manifestaciones por los derechos humanos e incluso sostienen cosmovisiones políticas libertarias, en las cuales la eliminación del sufrimiento animal es un punto entre otros, abarcando también una visión superadora del capitalismo, la explotación y el autoritarismo.


Entre tanto sufrimiento humano ignorado, tolerado o promovido -piénsese en la vergonzosa situación de las cárceles uruguayas- para muchos puede parecer ridícula la propuesta, en tanto extravagante o fuera de lugar. Pero hay algo de belleza en ese ridículo: poner en primer plano la necesidad de hacer el bien. Una moral que incluya la compasión por los animales es saludable en sí y necesaria además en una época en que nuestra cultura se ve impregnada hasta en sus últimos rincones por el valor del capital, de la compra y la venta, de la utilidad y el beneficio. Hay allí en las calles una voz gritando: "¡Que de ésto no se haga negocio!" Es hora de dejar definitivamente atrás el precepto histórico mecanicista y estalinista de resolver las contradicciones de clase primero para que todas las demás caigan en dominó al ser aquella la principal. Décadas de "socialismo real" enseñaron que esa simplificación absoluta del análisis del poder llevó a consagrar en el discurso y justificar en la práctica de gobierno múltiples asimetrías por el no cuestionamiento de las relaciones de poder en la construcción de los géneros, en las configuraciones étnicas y "raciales", en las relaciones de autoridad en las institucones y en el estado y en la integración de la sociedad con su entorno natural. Más: puede pensarse que el /dominio/ de los animales y la naturaleza /hace sistema/ con esas otras relaciones de dominación cuya asimetría tanto sufrimiento provocan y que no sólo es aceptable sino necesario combatir esas relaciones de poder tan asimétricas en todos los planos al mismo tiempo. En cualquier caso, causas como la protección de los animales, pueden darnos la oportunidad de ser mejores como sociedad y como personas. En términos políticos, la suerte del movimiento dependerá en buena medida de su capacidad de autocontrol de la acción política en tanto acción comunicativa.