CONTIGO, PERÚ

01.05.2013 23:22

/Por Andrés Núñez Leites/


El viejo borracho venía tambaleándose. Acababa de revisar un tacho de basura, en que había metido no sólo manos y brazos sino su cabeza entera y no había encontrado nada de interés. Atravesó Bartolomé Mitre en diagonal, sin riesgos por la ausencia de tránsito y se dirigió directamente hacia un grupo de marineros peruanos que estaban sentados en sillas de madera sacadas del bar donde se reunían diariamente, para tomar cerveza, escuchar música, conversar un poco. Cuando se acercó lo suficiente les pidió unas monedas, y como no recibió ninguna, empezó a balbucear palabras incomprensibles en voz baja. "¿Está bien, amigo?" -dijo uno de los marineros-. El viejo contestó -claramente esta vez-: "¡Amigo de ustedes no soy! ¡Vayansé de mi país, basura!" mientras señalaba el cartel azul sobre fondo amarillo con el nombre del bar, "Contigo Perú". Deseé que alguno se pusiera de pie y por lo menos lo echara con algún insulto. Pero no. Se quedaron callados, cada uno en su lugar. En su lugar de inmigrante, de inmigrante con rasgos indígenas, en un país pobre sumido en el sopor de un relato de pasado glorioso, europeo, blanco y moderno. El viejo esputó más insultos y salivó al suelo y cuando se cansó se fue a revolver otro tacho. Los marineros, viendo al viejo que se alejaba, retomaron de a poco su conversación.